El gran juego

Rangún (Birmania).

“Bayda” es el nombre birmano del jacinto de agua, una flor que se puede hallar flotando en los ríos de todo el país. Se dice que puede soportar todos los envites de las corrientes y, aunque en ocasiones desaparezca bajo las aguas, siempre vuelve salir a flote corriente abajo. Gracias a unos célebres versos del poeta Zaw Gyi, se ha convertido en un símbolo de resistencia frente a las adversidades y de la lucha por la democracia en Birmania. Uno de los primeros gestos de Aung San Suu Kyi, líder indiscutible e icono de esa lucha, cuando fue liberada el pasado 13 de noviembre tras siete años de arresto domiciliario, fue precisamente el de prenderse una de estas flores en el pelo.

El aula del Instituto Bayda en Rangún, el pasado 2 de agosto (C. S.).

Una semana después, el 20 de noviembre, nació en Rangún una nueva organización que lleva el nombre del jacinto de agua: el Instituto Bayda. Con el lema “hacia una sociedad concienciada”, el Instituto se dedica a educar a jóvenes que deseen convertirse en ciudadanos políticamente activos y a enseñarles a “vivir en un ambiente democrático”. Aunque cuenta con el apoyo de la Liga Nacional de la Democracia de Aung San Suu Kyi, colabora en algunas actividades educativas y algunos líderes del partido acudieron a su inauguración y suelen hacerlo a las ceremonias de entrega de títulos, el Instituto es totalmente independiente y autónomo.

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Rangún (Birmania).

“Cuando era un niño nunca compartía. Mi palabra favorita siempre era ‘mío’”, escribe en inglés en una pizarra Daw Sai Bai, una profesora de 46 años, durante la clase de “pensamiento crítico”. Cuarenta niños de unos siete años de edad repiten sus palabras a voz en grito. Junto a ellos, en el aula contigua pero en el mismo espacio, sin ninguna separación entre ambas, Ma Tar Chi, una profesora de 25 años de edad, imparte lecciones de inglés a otros niños y, al lado, Khin My Htoo, de 26 años, enseña matemáticas a otro grupo.

Daw Sai Bai imparte clases en la escuela del "hogar de la madre" en Hlaigtharyar (Rangún), el pasado 29 de julio (C. S.).

Más de cien niños llenan el escaso espacio de la escuela “Hogar de la madre”, en el distrito de Hlaigtharyar, en Rangún. Es una de las diez escuelas que ha abierto en los últimos meses la Liga Nacional para la Democracia, el partido de Aung San Suu Kyi (la “madre” del nombre no es otra que ella), en la antigua capital de Birmania. Todas las escuelas de la LND se hallan en distritos como éste, una barriada pobre situada en las afueras de la ciudad, construida en torno a las fábricas textiles donde trabajan la mayor parte de sus habitantes a cambio de salarios miserables.

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Khon Kaen (Tailandia).

La crisis política en la que está sumida Tailandia desde el golpe de Estado que en 2006 derrocó al primer ministro Thaksin Shinawatra ha supuesto el surgimiento de un potente y heterogéneo movimiento social conocido como los camisas rojas. Opuestos al golpe de Estado y, en su gran mayoría, partidarios de Thaksin, una gran parte de ellos pertenece a la población rural del norte y el noreste del país. Algunas semanas antes de que se celebraran las elecciones que dieron la victoria a la hermana de Thaksin, Yingluck Shinawatra, al frente del partido Puea Thai, numerosos pueblos de la zona decidieron declararse oficialmente “pueblos rojos”. Hace unos días visitamos uno de esos pueblos, Nong Ka, en la provincia de Khon Kaen.

Entrada de Nong Ka (C. S.).

Khon Kaen forma parte de Isan, una hermosa región fundamentalmente agrícola llena de verdes arrozales que se extienden a lo largo de la meseta de Khorat. Con aproximadamente 22 millones de habitantes, es la región más poblada del país. La mayoría de la población habla un dialecto más cercano al laosiano que al tailandés del centro del país y no son pocos quienes dicen que “hay más laosianos en Isan que en el propio Laos”. A lo largo de su historia, la región ha sido escenario de algunas revueltas contra el Gobierno central, como la insurgencia comunista de los años sesenta y setenta, pero nunca han cristalizado en un movimiento nacionalista o independentista. No obstante, la región tiene unas características culturales y étnicas propias que la diferencian claramente del resto del país.

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Bangkok (Tailandia).

El Partido Puea Thai (PT), encabezado por la empresaria Yingluck Shinawatra, se alzó ayer con la victoria en unas elecciones de enorme trascendencia para el futuro de una Tailandia, sumida en una profunda crisis política desde el golpe de Estado que arrebató el poder al polémico primer ministro Thaksin Shinawatra en 2006. Es la quinta ocasión en que un partido afín a Thaksin gana unas elecciones desde que en 2001 se hiciera con el Gobierno cambiando para siempre el paisaje político tailandés y desplazando a las élites que tradicionalmente han detentado el poder en el país, sobre todo el ejército y ciertos sectores vinculados a la Casa Real.

Un grupo de partidarios del Puea Thai celebra la victoria en la sede del partido (C. S.).

Tras una campaña medida hasta el más mínimo detalle, Yingluck, una recién llegada a la política a la que sus oponentes han criticado por su falta de experiencia, se convertirá en la primera mujer que ocupa el cargo de primer ministro en Tailandia. A sus 44 años, Yingluck tiene una amplia carrera como empresaria y directiva en las empresas del clan Shinawatra y ha asegurado que aplicará los principios aprendidos en su profesión para hacer progresar al país. Según sus detractores, su único objetivo es traer de vuelta al país a su hermano Thaksin, exiliado desde hace tres años para evitar una condena de dos años de cárcel por abuso de poder y corrupción, acusaciones que ella y su partido niegan.

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Bangkok (Tailandia).
Fotografías: Omar Montenegro y Carlos Sardiña.

Este domingo Tailandia celebra unas elecciones que determinarán en gran medida el futuro de un país sumido en una grave crisis política que dura ya más de cinco años. Desde que el ejército diera un golpe de Estado en 2006 contra el primer ministro Thaksin Shinawatra, el conflicto se ha ido recrudeciendo hasta culminar en la violencia de abril y mayo del año pasado, cuando 91 personas, la mayoría civiles desarmados, murieron en los enfrentamientos entre el ejército y los camisas rojas, partidarios de Thaksin, que ocuparon durante semanas el distrito comercial de Bangkok.

Yingluck Shinawatra, candidata a primera ministra de Tailandia, durante un mitin en la localidad tailandesa de Aranyaprathet, el 28 de junio (O. M.).

Todas las encuestas señalan que los tailandeses probablemente votarán por primera vez a una primera ministra: la candidata del Partido Puea Thai, Yingluck Shinawatra, la hermana más joven de Thaksin. Como en anteriores elecciones, el partido de Thaksin ganaría en el norte del país y el Demócrata en el sur,  éste podría perder en Bangkok, dónde solía obtener la mayoría de votos.

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El Gobierno tailandés ha anunciado esta semana que está manteniendo conversaciones con el de Myanmar para repatriar a unos 140.000 refugiados birmanos alojados en nueve campos situados a lo largo de la frontera entre ambos países. El jefe del Consejo de Seguridad Nacional tailandés, Tawin Pleansri, ha declarado que los refugiados “llevan más de veinte años en Tailandia y se ha convertido en una carga para nosotros cuidar de ellos. Aún no puedo decir cuando vamos a desmantelar los campos, pero tenemos la intención de hacerlo”.

Campo de refugiados de Mae La, en la provincia tailandesa de Tak. Este campo, en el que se calcula que viven más de 40.000 personas, es el más grande de Tailandia (C. S.)

Miles de birmanos han huido durante ya varios decenios de la guerra civil entre el ejército nacional de su país, el Tatmadaw, y las guerrillas de las minorías étnicas; uno de los conflictos bélicos más antiguos del mundo. Al huir llegan a un país en el que son especialmente vulnerables, ya que Tailandia no ha firmado la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, por lo que nunca se ha hecho plenamente responsable de ellos. Los refugiados dependen sobre todo de la ayuda de organismos internacionales y de algunas ONG, tanto extranjeras como dirigidas por birmanos.

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El Gobierno marroquí permitió que se celebraran con cierta libertad las manifestaciones convocadas en todo el país el pasado 20 de febrero en el llamado “Día de la dignidad”. Sin embargo, esa permisividad no ha tenido ningún tipo de continuidad y desde entonces las autoridades han tratado de sofocar cualquier conato de protesta, empleando a menudo la fuerza y la intimidación para conseguirlo.

Manifestación en la plaza de Bab el Had en Rabat, el 27 de febrero (AP Photo/Abdeljalil Bounhar).

El día siguiente al 20F, el ministro del Interior marroquí, Tareb Cherqauoi, ofreció una conferencia de prensa en Rabat en la que subrayó que las manifestaciones habían transcurrido “en un clima impregnado de serenidad y de disciplina” gracias “al clima de libertad, a la práctica democrática sana y auténtica y al derecho a la libertad de expresión”, que en su opinión existen en el reino alauita.

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Rangún (Birmania).

La Liga Nacional para la Democracia birmana no es sólo un partido político, también es una organización de asistencia social. Muchos de sus afiliados también son voluntarios que trabajan cuando pueden en los diferentes programas que organiza el partido y, sobre todo, sus Juventudes, bastante activas en el ámbito social. Gran parte de esas actividades se desarrollan en la sede central del partido en Rangún, pero muchas otras tienen lugar en las sedes de los distritos y los pueblos o en pisos particulares de algunos de sus miembros. El objetivo último es tanto social como político: construir una sociedad civil fuerte que cumpla las funciones de un Estado que prácticamente no presta ningún servicio a sus ciudadanos.

Una mujer lee en la sede de la Liga Nacional para la Democracia en Rangún (C.S.).

El programa de mayor envergadura de la LND probablemente sea el de prevención y ayuda a enfermos de sida. Se calcula que en Birmania hay unos 240.000 portadores del VIH. A finales de 2008 Médicos Sin Fronteras lanzó la voz de alarma y avisó de que necesitaban retrovirales urgentemente unas 76.000 personas, pero sólo los recibían un 20 por ciento de ellas. En un país en el que el Gobierno sólo dedica al año a la atención sanitaria unos setenta céntimos por habitante y unos escasos 200.000 dólares anuales a la lucha contra el sida, la ayuda de un partido con los escasos recursos de la LND no puede ser más que una gota en el océano, pero eso no la hace menos imprescindible para las personas que se benefician de ella.

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Rangún (Birmania).

“El Gobierno nos vigila constantemente y nos siguen cada vez que salimos de aquí. Pueden detenernos cuando quieran, ni siquiera les hace falta inventarse una excusa, pero nosotros seguimos viniendo”, nos contaba hace un mes U Hla Min en la sede de la Liga Nacional para la Democracia, el partido de Aung San Suu Kyi, en Rangún. Los espías que vigilan continuamente y sin ningún disimulo desde un restaurante situado frente al pequeño y algo destartalado edificio confirman las palabras de este veterano miembro del partido. Pese a todo, el principal partido de la oposición birmana parece estar más vivo que nunca, aunque el Gobierno lo declaró ilegal cuando sus dirigentes se negaron a volver a registrarlo en mayo en unas condiciones que consideraban inaceptables, tal y como nos comentaba uno de ellos, U Win Tin, y podría disolverlo y encarcelar a sus miembros en cualquier momento.

Tres mujeres en la sede de la LND en Rangún bajo un retrato de Aung San, padre de la independencia birmana (C.S).

La sede de la LND está sumida en una actividad frenética a lo largo de todo el día, sobre todo desde que Aung San Suu Kyi fue puesta en libertad el pasado 13 de noviembre tras siete años de arresto domiciliario. Además del ir y venir constante de periodistas y diplomáticos extranjeros, acuden a la sede numerosos birmanos para expresar su apoyo al partido y a su líder, la “dama”. El edificio se ha convertido en un punto de encuentro de ciudadanos de todas las clases sociales, edades y profesiones, que proceden de casi todos los puntos del país y comparten al menos una cosa: su oposición al brutal y cleptócratico régimen de la Junta Militar. Muchos acuden a aportar donaciones o a ofrecer su ayuda, otros porque, simplemente, se sienten más libres allí que en cualquier otro lugar para expresar sus opiniones.

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Rangún (Birmania).

Segunda y última parte de la entrevista que mantuvimos a mediados de diciembre con el veterano periodista y político birmano U Win Tin en la sede de la Liga Nacional para la Democracia en Rangún. Tras conversar sobre su carrera política y la situación actual de la LND, en esta ocasión nos habla de la situación económica del país, sus relaciones con los países vecinos y las propuestas de la Liga Nacional para la Democracia para solucionar el conflicto entre las diferentes etnias que viven en Birmania.

U Win Tin pronuncia un discurso en la sede de la LND en Rangún, el pasado 23 de diciembre (AP/Khin Maung Win).

Birmania fue un día uno de los países más ricos del Sudeste Asiático. Después del golpe de Estado del general Ne Win en 1962, y tras casi cincuenta años de dictadura militar, aislamiento y una gestión económica desastrosa, se ha convertido en uno de los más pobres. ¿Qué políticas económicas aplicaría la Liga Nacional para la Democracia para mejorar su situación económica?

La economía es un asunto complicado y difícil. Los problemas económicos no se resolverán fácilmente; todo depende de numerosos factores, como las instituciones financieras, los recursos naturales, los países vecinos o la situación económica internacional. Habría que introducir muchas reformas.

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