El gran juego

El 17 de mayo Irán, Turquía y Brasil firmaron en Teherán un acuerdo por el cual Irán enviará a Turquía 1.200 kilogramos de su uranio poco enriquecido (aproximadamente la mitad del combustible que posee actualmente) en el plazo de un mes. Si el llamado Grupo de Viena, formado por Estados Unidos, Rusia, Francia y el Organismo Internacional de Energía Atómica, aprueba el acuerdo, tendrá que enviar a Irán los 120 kilogramos de uranio enriquecido al 20 por ciento que necesita para su reactor de investigación médica en Teherán. Este acuerdo de gran trascendencia, alcanzado por tres países emergentes, señala la evolución hacia un orden internacional multipolar, aunque parece que algunas de las tradicionales grandes potencias se resisten a aceptarlo.

Luiz Inacio Lula da Silva, Mahmud Ahmadineyad y Recep Tayyip Erdogan celebran la firma del acuerdo de cooperación nuclear tras sus respectivos ministros de Asuntos Exteriores, el 17 de mayo en Teherán. Fotografía: Wilson Pedrosa/Agência Estado/AE (Agencia Estado via AP Images).

El acuerdo es prácticamente idéntico a la propuesta de las Naciones Unidas que Estados Unidos ha intentado imponer a Irán sin éxito desde el pasado mes de octubre. La principal diferencia radica en que en el caso de que Irán no reciba en el plazo estipulado el uranio que necesita para su reactor de investigación, Turquía deberá devolver “inmediata e incondicionalmente” a Irán el uranio que le pertenece. La negativa de Irán a aceptar sus propuestas ha sido hasta ahora el principal argumento esgrimido por Estados Unidos para endurecer las sanciones contra la República Islámica.

Sin embargo, Hillary Clinton declaró pocos días después que el acuerdo es insuficiente y no es más que un truco de Irán para evitar nuevas sanciones de las Naciones Unidas, pocos días antes de que se reuna el Consejo de Seguridad para tratar el tema. Es decir, Estados Unidos no parece dispuesto a aceptar un acuerdo que él mismo había tratado de alcanzar con Irán. Lo más desconcertante es que, según el diario brasileño O Estado de Sao Paulo, Obama envió una carta a Lula una semana antes en la que le animaba a conseguir ese acuerdo. En la carta, a la que tuvo acceso la agencia Reuters y sobre cuyo contenido no se ha pronunciado el Gobierno brasileño por considerarla una comunicación entre dos jefes de Estado, Obama le decía a Lula que, desde su punto de vista “una decisión de Irán de enviar 1.200 kilos de uranio poco enriquecido fuera del país generaría confianza y disminuiría las tensiones regionales” y proponía un acuerdo igual al finalmente alcanzado por Irán, Turquía y Brasil.

La principal objeción de Estados Unidos es que Irán no se compromete a dejar de enriquecer el uranio que siga en su poder, algo que según el OIEA tiene intención de continuar haciendo. No obstante, en la propuesta respaldada por Estados Unidos desde octubre del año pasado y en la carta de Obama no se contemplaba esa condición. De hecho, como señala el columnista del New York Times Roger Cohen, en ese punto radicaba precisamente una de las diferencias fundamentales entre las estrategias con respecto a Irán de George W. Bush y de Barack Obama, que ha añadido nuevas condiciones cuando Irán ha aceptado el trato.

En cualquier caso, Estados Unidos ha insistido en endurecer la sanciones contra Irán, entre las que se incluyen [pdf] el bloqueo de las cuentas y prohibición de viajar a personas y entidades vinculadas a los Guardianes de la Revolución Islámica y la imposición de un embargo de armas parcial. Aún así, se ha visto obligado a retirar algunas para obtener el apoyo de Rusia y de China en el Consejo de Seguridad de la ONU, que se reunirá la semana que viene.

En una entrevista concedida al periódico brasileño Jornal do Brasil esta semana, el ex-director general del OIEA, Mohamed el-Baradei, apoyaba el acuerdo entre Irán, Turquía y Brasil y se mostraba sorprendido por “la reacción de algunos países al declarar que seguirían adelante con sus planes de imponer sanciones a Irán”. En cuanto al combustible que permanecerá en Irán, afirmaba que “se hallará seguro en Irán, bajo salvaguardias del OIEA, y no hay absolutamente ningún peligro inminente de que Irán vaya a construir una bomba con ese material”. El-Baradei añadió que cabía el peligro de que se “polarizaran los hemisferios Norte y Sur” y que “si por un lado tenemos a países como Brasil, Turquía, Sudáfrica y otras naciones del Hemisferio Sur que apoyan las negociaciones y, por otro, a países occidentales con un punto de vista contrario y exigiendo sanciones, eso será muy peligroso porque trazará una línea divisoria entre el Norte y el Sur en una cuestión que sólo se puede resolver mediante las negociaciones”.

Israel, Irán y el peligro nuclear

Al mismo tiempo que trata de imponer sanciones a Irán por su programa nuclear, Estados Unidos ha intentado proteger a Israel en la revisión del Tratado de No Proliferación que tuvo lugar el mes pasado en Nueva York, un tratado que, como señalamos en este espacio hace algunas semanas, refleja y perpetúa la desigualdad y asimetría entre los países firmantes que disponen armamento nuclear (que son los mismos que tienen derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU) y los que no lo poseen.

El principal tema de debate en la revisión quinquenal del Tratado de este año fue el arsenal nuclear israelí. El objetivo de la mayoría de países participantes es crear una zona libre de armamento nuclear en Oriente Medio. Finalmente, los países firmantes del TNP acordaron redactar un documento en el que se comprometen a celebrar una reunión en 2012 sobre la propuesta de convertir Oriente Medio en una zona libre de armas de destrucción masiva (es decir, nucleares, biológicas y químicas). El documento también incluye un llamamiento a que Israel suscriba el TNP, lo que supondría el desmantelamiento de su arsenal nuclear. Estados Unidos se opuso firmemente a que se mencionara de forma explícita a Israel y el general James Jones, el asesor de seguridad nacional de Estados Unidos, declaró que su país “no va a permitir una conferencia o unas acciones que puedan poner en peligro la seguridad nacional de Israel”. Por su parte, Israel hizo público un comunicado en el que rechazaba la resolución adoptada tras la conferencia.

Aparte de la conferencia del TNP, el arsenal nuclear israelí ha sido noticia estos días porque se han desvelado, de forma muy oportuna, los primeros documentos oficiales en los que se reconoce su existencia, unos documentos sudafricanos secretos que revelan que Israel ofreció cabezas nucleares al régimen sudafricano del apartheid hace más de tres decenios. En 1975, el ministro de Defensa sudafricano, P.W. Botha, pidió a Israel cabezas nucleares y su homólogo Simón Peres se las ofreció “en tres tamaños diferentes”, aunque, finalmente, el trato no llegó a cerrarse, debido en parte al coste económico para Sudáfrica. El hombre que ha desvelado los documentos es Sasha Polakov-Suransky, autor de un libro recién publicado sobre las relaciones entre Israel y la Sudáfrica del apartheid, mucho más estrechas de lo que se había pensado hasta hace poco, sobre todo en el ámbito militar.

Volviendo a la actualidad, el 30 de mayo The Times publicó la noticia de que Israel tiene previsto desplegar tres submarinos equipados con misiles nucleares en el Golfo Pérsico, cerca de las costas de Irán. No es la primera vez que Israel desplaza submarinos al Golfo, pero según el diario londinense, tiene previsto dejar en la zona al menos un submarino de forma permanente.

El año pasado, Netanyahu declaró en una entrevista que Obama tiene “dos grandes misiones: arreglar la economía y evitar que Irán obtenga armas nucleares”, pues nadie querría que “una secta apocalíptica mesiánica tenga bajo su control bombas atómicas”. Es un discurso habitual a la hora de hablar de Irán: se trata de un país gobernado por locos fanáticos en cuyas manos la tecnología nuclear se convertiría en una auténtica bomba de relojería. Sin embargo, nada permite suponer que el mundo sea más seguro con armas nucleares en poder de Israel que en manos de Irán, teniendo en cuenta la clase de regímenes a los que ha estado dispuesto a vendérselas y su disposición a emplear la violencia más extrema contra poblaciones civiles enteras o cooperantes desarmados, como hemos visto esta semana.

Estados Unidos y la Unión Europea han mostrado una absoluta complacencia tanto con el armamento nuclear y la violencia ejercida por el estado de Israel, negándose a hablar de uno y evitando condenar la otra. José Luis Rodríguez Zapatero plasmó a la perfección esa postura cuando declaró el miércoles: “Todos deseamos un Israel seguro, pero todos deseamos que no haya violencia que no se pueda justificar. Esa es nuestra preocupación y la de toda la Comunidad Internacional”. El ataque a la flotilla no sólo ha contribuido a deteriorar las relaciones entre Israel y Turquía, el doble rasero mostrado por Estados Unidos y Europa y la grave crisis que supone para la OTAN el haberse mostrado totalmente inoperante ante un ataque dirigido contra un estado miembro (que adquiere un especial significado teniendo en cuenta la vieja reticencia de Bruselas a aceptar que Turquía forme parte de la Unión Europea) también podrían contribuir, volviendo a las palabras de el-Baradei, a “polarizar los hemisferios Norte y Sur”.