El gran juego

Bangkok (Tailandia)

Este domingo se celebró en la localidad tailandesa de Ayutthaya (situada a unos sesenta kilómetros al norte de Bangkok) una de las mayores concentraciones de camisas rojas desde que el mes de mayo el ejército pusiera fin brutalmente a las protestas que paralizaron durante varias semanas el distrito comercial de Bangkok. Miles de ellos se congregaron para exigir la liberación de los presos políticos que continúan detenidos desde mayo, que se haga justicia con los 91 manifestantes asesinados y los centenares de heridos durante la represión de las protestas en abril y mayo y la introducción de reformas para democratizar el país.

El activista tailandés Sombat Boongamanong se dirige a una multitud de camisas rojas el 17 de octubre en la ciudad de Ayutthaya (C.S.).

En muchos casos, la indignación ha vencido al miedo y a lo largo de las últimas semanas se ha producido una espectacular resurrección del movimiento de los camisas rojas, que han convocado varios actos y manifestaciones a pesar de las estrictas medidas de control del Gobierno, que mantiene el estado de emergencia en Bangkok y tres provincias vecinas. Pese a que los discursos del primer ministro Abhisit Vejjajiva están repleto de referencias a la “reconciliación nacional”, el Gobierno ha hecho pocas cosas por conseguirla, más allá de medidas como el lanzamiento de campañas propagandísticas como “Together We Can” (la Obamanía también ha llegado a Tailandia) que no hacen más que desacreditarle aún más a ojos de sus opositores.

El 19 de septiembre se convocaron manifestaciones en varias ciudades para conmemorar el cuarto aniversario del golpe de Estado que depuso al primer ministro Thaksin Shinawatra y los cuatro meses desde asalto final del ejército al campamento de los camisas rojas en el centro de Bangkok que se saldó con decenas de muertos. En la capital, miles de disidentes acudieron a la intersección de Ratchaprasong, el lugar donde muchos de ellos fueron asesinados al final de las manifestaciones. El 10 de octubre también se convocó otra manifestación que acabó en el Monumento a la Democracia, un lugar cargado de simbolismo en el que murieron 25 personas el 10 de abril de este año.

También se han ido celebrando actos más pequeños. Ayer por la mañana se reunieron varias decenas de ellos en la prisión central de Klong Prem en Bangkok para pedir la liberación de los presos. Por la tarde, varios se reunieron en Ratchaprasong para rendir homenaje a los que murieron allí y pedir responsabilidades al Gobierno. Redes sociales como Facebook y el boca a oreja están desempeñando un papel fundamental en la organización de estas pequeñas protestas, en las que los camisas rojas se reunen “por casualidad” en un lugar determinado sin que ningún líder asuma la responsabilidad, para evitar consecuencias legales por violar el estado de emergencia (en el que están prohibidas las reuniones políticas de más de cinco personas).

En cualquier caso, el multitudinario acto del domingo hubo de celebrarse en la antigua capital imperial de Ayutthaya porque allí no está vigente el estado de emergencia. De hecho, el jefe del ejército nombrado recientemente, el general Prayuth Chan-ocha, perteneciente al sector más reaccionario del ejército y partidario de emplear mano dura contra los camisas rojas, ordenó tres días antes de la concentración el despliegue de casi dos mil soldados en Bangkok y alrededores para realizar “acciones cívicas, recopilar inteligencia y prevenir atentados y sabotajes”.

En todo caso, la concentración en Ayutthaya ha demostrado con rotundidad que el movimiento sigue vivo a pesar de la violenta respuesta del Gobierno a las protestas. De hecho, es posible que la violencia no haya hecho más que reforzar y legitimar al movimiento. Por ejemplo, de entre los asistentes a las manifestaciones y actos con los que Periodismo Humano ha hablado estos últimos días en Tailandia, dos personas no relacionadas entre sí, ambas mujeres de clase media residentes en Bangkok, afirmaron que han decidido apoyar a los camisas rojas precisamente debido a una violencia ejercida por el Estado que consideran intolerable.

Según la organización, asistieron a la concentración unas diez mil personas, aunque la policía y el CRES (el Centro para la Resolución de Situaciones de Emergencia) afirman que sólo acudieron tres mil. La mayor parte de la concentración, convocada por diversas organizaciones, tuvo lugar en el recinto del estadio de Ayutthaya, frente a un escenario en el que hablaron numerosos líderes y activistas durante toda la tarde. Entre ellos, un diputado del principal partido de la oposición, el Puea Thai, un grupo de estudiantes universitarios y Sombat Boongamanong, que en las últimas semanas se ha convertido en una figura central del movimiento de los camisas rojas desde que comenzó a organizar cada domingo unos actos de protesta pacífica que cada vez están teniendo mayor repercusión .

Sombat Boongamanong en otro momento de su discurso (C.S.).

Bajo la atenta mirada de unos mil policías y con un estricto control (había arcos de seguridad en la entrada a la zona donde se hallaba el escenario), se desarrolló una concentración que tenía más de festival que de una simple manifestación o mitin: entre los diferentes discursos se cantaron canciones, hubo fuegos artificiales y en el camino que conducía a la zona del escenario había decenas de puestos en los que se vendía desde comida hasta todo tipo de artículos de merchandising relacionados con los camisas rojas (camisetas, gorras o globos, pero también libros, revistas o DVDs con imágenes de las protestas de abril y mayo en Bangkok y escenas de la violencia perpetrada por las fuerzas de seguridad).

Los asistentes procedían de todas partes pero, según los organizadores, sobre todo de la propia Ayutthaya y de las provincias del centro y del norte del país. Todas las edades estaban representadas y había numerosas familias. En conjunto formaban una muchedumbre sumamente heterogénea, a pesar del color rojo predominante. Hay que señalarque el movimiento de los camisas rojas está lejos de ser unitario y está compuesto por personas muy variadas, pertenecientes a diferentes clases sociales y profesiones, y por numerosas y diversas organizaciones que abogan por tácticas diferentes (desde los pacifistas del grupo “Red Sunday” dirigido por Sombat hasta los seguidores del ex-general Seh Daeng, líder de una facción paramilitar asesinado en mayo muy popular entre muchos camisas rojas) y en algunos casos incluso mantienen posiciones ideológicas opuestos. Además, no todas ellas apoyan a Thaksin Shinawatra y lo cierto es que no se vieron demasiadas imágenes del exiliado ex-primer ministro en Ayutthaya, ni siquiera en el escenario.

Sin embargo, todos ellos parecen compartir la exigencia de que se respeten los resultados de las elecciones, la oposición a un Gobierno que consideran ilegítimo desde el principio y el deseo de reformas democráticas. Somyos Prueksakasemsuk, uno de los organizadores de la concentración de Ayutthaya, expuso a Periodismo Humano las demandas que los camisas rojas plantean al Gobierno en este momento: (1) Liberación de todos los presos políticos detenidos durante las protestas (no se sabe a ciencia cierta cuántos son, pero probablemente superan los trescientos en diferentes cárceles de toda Tailandia). (2) Reforma del sistema judicial, que ha de estar controlado por el pueblo y no por la monarquía. (3) Reformas económicas, sobre todo en lo referente a los impuestos, para instaurar un estado del bienestar para todos los tailandeses. (4) Aumentar el salario mínimo a 300 baht diarios (7 euros) e igualarlo en todo el país (actualmente es diferente en cada provincia, en Bangkok es de 206 baht por día, cinco euros). Y (5) respeto a la libertad de prensa (han sido bloqueadas numerosas páginas web y, por ejemplo, la directora de una web independiente, Prachatai, se enfrenta a una acusación por no haber retiradode su web lo suficientemente rápido un comentario considerado ofensivo para el rey).

"Camisas rojas" durante la concentración del pasado domingo en Ayutthaya (C.S.).

Entre los participantes en la concentración también había varios miembros de la Federación de Estudiantes de Tailandia, una organización que ha recogido el testigo de una tradición de activismo estudiantil que fue violentamente interrumpida el 6 de octubre de 1976, cuando la policía, el ejército y varias organizaciones paramilitares tomaron por asalto la universidad de Thammasat y asesinaron y torturaron a decenas de personas en uno de los episodios más violentos y traumáticos de la historia reciente de Tailandia. Bongoponkwaen, una estudiante de la Universidad de Chulalongkorn, la Federación, que cuenta con unos 300 miembros, apoya las protestas de los camisas rojas porque quiere luchar para dar voz a un pueblo que no la tiene. Algunos ya lo han pagado caro, continuaba Bongoponkwaen; en mayo fueron detenidos 18 estudiantes bajo la acusación de violar el estado de emergencia. Durante su detención han sufrido torturas y fueron presionados para firmar confesiones falsas de delitos mucho más graves como colaborar en actividades terroristas.

A las violaciones de derechos humanos del Gobierno de Abhisit Vejjajiva se suman sus dobles raseros: nadie ha sido castigado por los asesinatos, y muchos “camisas rojas” siguen estando encarcelados mientras ninguno de los responsables de la toma del aeropuerto de Subarnavhumi en 2008 por parte de los camisas amarillas ha tenido que rendir cuentas ante la justicia. Mientras muchos tailandeses y extranjeros descubrían escandalizados que se vendía libremente pornografía infantil en la calle de Sukhumvit (una de las principales arterias de la ciudad) y la policía no lo impedía porque el comercio de videos está dirigido por “gente influyente”, una vendedora fue detenida recientemente por vender alpargatas con la cara del primer ministro.

Esa vendedora fue puesta en libertad poco después de su detención, no sin que antes se le advirtiera que no volviera a vender su calzado antigubernamental, pero eso no impidió que ayer acudiera y montara su puesto para vender las alpargatas antigubernamentales en la concentración de Ratchaprasong. Un pequeño acto de resistencia que ejemplifica la terca resolución de los camisas rojas de seguir adelante con una lucha que, cada vez más, trasciende la oposición al Gobierno actual de Abhisit Vejjajiva e incluso la figura de Thaksin Shinawatra.

(6) Comentarios

  1. [...] Los camisas rojas resurgen en Tailandia [...]

  2. Gracias, Carlos. Es genial que estés allí para contarnos cómo se vive este movimiento desde dentro. Te seguimos

  3. Interesante artículo pero no mencionas la ley de lesa majestad que el regimen de Abhisit Vejjajiva usa como arma polícica contra sus adversarios.

    Mientras transgresores de esta ley que apoyan a la junta militar ni siquiera son juzgados por sus “crimen”, los Camisas rojas son inmediatamente enviados a la cárcel, en muchos casos sin juicio o juicios secretos como el de Da Torpedo.

    En tu artículo, también mencionas que en Ayutthaya la ley marcial (decreto de emergencia como lo llama el Primer Ministro marioneta) ya no está en vigor, pero aún así una mujer tailandesa fué arrestada por vender chanclas con la cara del Primer Ministro en su diseño.

    La razón? Según el regimen ilegítimo estas sandalias amenazan la seguridad de la nación, lo que es igual, la ley marcial aún se aplica en esta zona de tailandia que supuestamente ya esta libre del decreto de emergencia.

    Finalmente, creo que merece mencionar que hoy mismo otro activista politico ha sido arrestado por supuestamente “insultar” al rey de Thailandia, Bhumibol Adulyadej, el monarca que en 2006 apoyó el golpe de estado montado por sus militares corruptos.

    El hombre que ha sido arrestado se llama Surachai Sea-dang y tiene 68 años. Otros prisoneros como Da Torpedo, ni siquiera pueden recibir visitas.

    Mientras tanto, el Primer Ministro del Reino Unido, David Cameron, acaba de declarar su intención de visitar al Señor Vejjajiva durante Navidad. Que bien es tener líderes que saben la diferencia entre países democráticos y regimenes totalitarios.

  4. [...] Los camisas rojas resurgen en Tailandia elgranjuego.periodismohumano.com/2010/10/20/los-camisas-r…  por animatronics hace 2 segundos [...]

  5. [...] Los camisas rojas resurgen en Tailandia, por Carlos Sardiña en Periodismo Humano Share and Enjoy: [...]

  6. [...] rojo” han organizado una serie de actividades todos los domingos que han demostrado que el movimiento sigue vivo a pesar de que los líderes del “Frente Unido para la Democracia y contra la Dictadura” (UDD) [...]

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