El gran juego

Bangkok (Tailandia).
Fotografías: Omar Montenegro.

El activista tailandés Sombat Boongamanong se ha convertido en los últimos meses en una de las cabezas más visibles de los camisas rojas. Después de que el Gobierno pusiera fin violentamente a las protestas el pasado mes de mayo, Sombat y su pequeño grupo “Domingo rojo” han organizado una serie de actividades todos los domingos que han demostrado que el movimiento sigue vivo a pesar de que los líderes del “Frente Unido para la Democracia y contra la Dictadura” (UDD) están encarcelados o escondidos. La mayor demostración de fuerza reciente de los camisas rojas fue la manifestación que “Domingo rojo” convocó el pasado 19 de septiembre en Bangkok. Aquel día, el cuarto aniversario del golpe de Estado que depuso a Thaksin Shinawatra, acudieron a la intersección de Ratchaprasong unas veinte mil personas, pese al estado de emergencia vigente en la capital, que prohíbe la convocatoria de cualquier acto político.

Sombat Boongamanong en la sede de “Domingo rojo” en Bangkok el pasado 21 de octubre (Omar Montenegro).

Sombat había sido detenido a finales de junio por violar el estado de emergencia en Bangkok cuando se disponía a atar una cinta roja en la señal de la intersección de Ratchaprasong, donde tuvieron lugar las protestas de abril y mayo y murieron decenas de manifestantes durante la carga del ejército para disolverlas. Dos semanas después fue puesto en libertad y desde entonces no ha dejado de organizar actos de protesta contra el Gobierno de Abhisit Vejjajiva, a los que han asistido sobre todo personas pertenecientes a la clase media de la capital.

Este hombre alto de sonrisa franca y cálida, que posiblemente se esté convirtiendo en un nuevo líder de los camisas rojas a su pesar, se define a sí mismo como un autodidacta, ya que carece de estudios universitarios, cuyo compromiso político se remonta a 1992, cuando se opuso al golpe de Estado de aquel año. Sin embargo, como él mismo nos cuenta, ya había sido expulsado de su instituto por organizar actos de protesta contra la dirección del centro, en un país en que no se permite que los alumnos cuestionen lo más mínimo a sus profesores. Fundador y director de la ONG dedicada a defender a las tribus del norte de Tailandia Mirror Foundation, Sombat Boongamanong tiene 42 años y lleva más de dos decenios trabajando con diversas organizaciones no gubernamentales. Hace unos días tuvimos la oportunidad de charlar con él en la sede de “Domingo rojo” en Bangkok sobre su organización, el movimiento de los camisas rojas y la lucha por la democracia en Tailandia.

En primer lugar, me gustaría preguntarte por tus actividades con los camisas rojas. ¿Cuándo te uniste a ellos?

Pertenezco al movimiento desde el principio y, de hecho, fui el primero que utilizó el color rojo como símbolo de protesta. Inmediatamente después del golpe de Estado de 2006 me uní a la “Red contra el golpe del 19”, que fue creada el 20 de septiembre de 2006, un día después del golpe. Era una organización muy pequeña, formada en su mayor parte por activistas. Cuando el Gobierno convocó un referéndum en 2007 para votar la nueva constitución, organicé una campaña en contra, en la que le pedía a la gente que vistiera el color rojo para expresar su oposición. Las papeletas del referéndum tenían dos colores: el color rojo para el “no” y el color verde para el “sí”, y ésa es la razón por la que elegimos el color rojo. Jatuporn Prompan [diputado del partido opositor Puea Thai], decidió fundar poco después el UDD. La dirección del UDD estaba formada por dos comités, y yo era miembro del segundo, que estaba preparado para asumir el mando en el caso de que encarcelaran a los miembros del primero. Sin embargo, tras las elecciones de 2008 [en las que ganó un partido afín a Thaksin Shinawatra y a los camisas rojas], pensé que el golpe era cosa del pasado y abandoné mis actividades políticas. Pero en esta ocasión, tras las protestas y la represión de abril y mayo, no podía continuar con mi vida normal porque el Gobierno había matado a gente.

¿Cuándo creaste tu organización “Domingo rojo”? ¿Cuántos miembros la integran?

“Domingo rojo” nació hace cuatro meses, aunque, como ya he dicho, yo ya había retomado mis actividades políticas tras el 19 de mayo, cuando el Gobierno puso fin a las protesta de los camisas rojas con violencia. En un primer momento actuaba de forma individual, hasta que me detuvieron. Unos amigos de Facebook me apoyaron y cuando salí de la cárcel decidí fundar mi propia organización con ellos. Somos unas quince personas, todos ellos voluntarios pertenecientes a la clase media de Bangkok. Algunos son estudiantes, otros trabajan en ONGs. La mayoría de nosotros nos hemos conocido a través de Facebook y lo utilizamos para debatir y organizarnos. Hemos continuado defendiendo nuestras ideas después de que reprimieran a los camisas rojas y mucha gente nos sigue porque sostenemos que hay que seguir luchando, aunque la mayoría de la gente esté atemorizada y callada.

Dices que utilizas Facebook para comunicarte, pero tengo entendido que la mayor parte de usuarios de Facebook pertenecen a la clase media. ¿Cómo te comunicas con la gente más pobre, la que no usa Facebook? ¿Cómo puedes hablar con ellos y, sobre todo, escucharles?

Intento pasar tiempo con ellos. He visitado lugares como Chiang Rai, Chiang Mai, Ayutthaya o Udon Thani para compartir las ideas de la gente. Pero desde el momento en que comencé a poner en práctica mis ideas he sido consciente de que tengo mis limitaciones. Hay muchas cosas que tienen que hacer los camisas rojas, pero yo sólo puedo ocuparme de unas pocas. Para hacer todo lo que tenemos que hacer debemos compartir. Sobre todo debemos intercambiar nuestras ideas y debatir, todos juntos. Mi tarea consiste en ayudar a que gente diferente se organice por sí misma, y después llegará un día en que esa gente se comunique entre sí y encuentre una dirección común. Lo que estoy intentando ahora es crear los cimientos del movimiento, porque en el pasado el mando procedía de arriba y creo que debería proceder de abajo si lo que queremos es construir una democracia.

Pizarra de la sede de “Domingo rojo” en Bangkok (O.M.).

¿Cuáles son los objetivos de “Domingo rojo”?

Nuestro objetivo es luchar por la democracia, pero estoy buscando una forma nueva de luchar porque en el pasado, cuando los camisas rojas organizaban grandes protestas, el Gobierno reaccionaba utilizando las armas contra la gente. Si los camisas rojas volvemos a hacer lo mismo que hicimos en el pasado, el Gobierno cargará contra nosotros una vez más. Ése es ahora nuestro reto: ¿Cómo podemos llevar adelante el movimiento sin que nos ataque el Gobierno? ¿Cómo podemos expresar nuestras ideas? Una manera de hacerlo es utilizar símbolos para que el movimiento siga estando presente. Por ejemplo, podemos ponernos ropa de color rojo todos los domingos. Si crece el número de personas que hacen ese tipo de cosas, podremos presionar al Gobierno y mostrar al mundo cuáles son las ideas de los tailandeses.

¿Qué clase de país te gustaría que fuera Tailandia? ¿Qué es lo que quieres cambiar en tu país?

Quiero cambiar la conciencia del pueblo tailandés. Es como si este país fuera una casa, y alguna gente dice que el pueblo tailandés es un invitado en esta casa, no su dueño. Es necesario que eso cambie, que el pueblo tailandés sea el dueño de este país. Algunos dicen que en Tailandia tenemos un concepto de la democracia diferente al de otros países, que Tailandia tiene una clase especial de democracia, una “democracia a la tailandesa”. Pero yo no creo que pueda existir una “democracia a la tailandesa”. O se respeta la voluntad del pueblo o no se respeta. Si no se respeta a la gente, no hay democracia ni “democracia a la tailandesa”, así de simple. Cuando los tailandeses han salido a protestar en masa, lo han hecho para pedir un cambio de rumbo y el Gobierno ha respondido con las armas. Eso no es una “democracia a la tailandesa”, eso es una dictadura.

¿Qué es lo que crees que debe cambiar para que haya una auténtica democracia en Tailandia?

Hay tres clases en mi país: la clase alta (la élite), la clase media y la clase baja, el pueblo. La élite y la clase media detentan el poder y creen que eso es suficiente para que haya una democracia, ya que su concepto de democracia no incluye a los pobres, a la gente común y corriente. Eso debe cambiar, la democracia y el poder deben pertenecer a todos, no sólo a la gente que tiene dinero y estudios. Muchos ciudadanos de clase media se oponen, argumentan que no se puede otorgar el poder al pueblo porque carece de la educación suficiente, que la gente sin educación es demasiado numerosa y conducirá al país por el camino equivocado. Pero eso no es cierto. ¿Cómo se puede decidir quién tiene educación y quién no? La gente rica no comprende a la gente del campo porque viven en un mundo diferente. Debe crearse la posibilidad de que todos expongan sus problemas y propongan sus soluciones.

Mucha gente de clase media cree que el movimiento de los camisas rojas no es más que el movimiento de Thaksin Shinawatra, que Thaksin mintió a la gente sin educación para que le apoyara. Debemos mostrarles en realidad que esa gente está expresando sus propias ideas. Ahora ha llegado el momento de educar a la clase media y a la élite, porque durante setenta años, la gente pobre nunca ha dicho nada sobre la democracia. Era un gigante dormido que ahora ha despertado. Y cuando lo ha hecho, la clase media y la élite no han entendido lo que sucedía porque nunca se percataron de que ese gigante estaba ahí. Así que han dicho: “no, esto no es auténtico, no es más que la influencia de Thaksin”. Creo que cambiaran de opinión si se dan cuenta de que la gente pobre tiene sus propias ideas. Debemos aprender a convivir, todos juntos, pero nadie tiene el derecho a decir que los demás carecen de educación porque vean las cosas de forma diferente. Debe producirse un debate abierto y todos debemos escuchar y aprender juntos.

El Gobierno acusa a los camisas rojas, o al menos a algunos de ellos, de terrorismo y de emplear métodos violentos. ¿Hay realmente gente violenta entre los camisas rojas?

Los camisas rojas que recurrieron a la violencia lo hicieron después de que el Gobierno empleara la violencia contra ellos. Es algo que el Gobierno ha estado haciendo durante el último año, pero los camisas rojas no disponían de armas para combatir. Cuando el Gobierno les atacó, no estaban preparados, lo único que podían hacer era correr y huir. Hay quien piensa que los camisas rojas deberían disponer de medios para combatir, que deberían tener armas para combatir al Gobierno si les disparan. Creo que la mayoría de los camisas rojas no cree en la violencia, pero están dispuestos a luchar si el Gobierno utiliza las armas y mata a la gente. Y si disponen de armas, las usarán. Los camisas rojas están furiosos, pero no han creado una organización terrorista. Si los camisas rojas tuvieran una organización terrorista sería enorme, tan enorme que Bangkok estaría ardiendo.

Sombat Boongamanong en un momento de la entrevista (O.M.).

Tras las protestas, alguna gente, entre ellos el propio Thaksin Shinawatra, dijo que era posible que los camisas rojas lanzaran una insurgencia en las zonas rurales, pero eso no ha sucedido por el momento, ¿crees que cabe esa posibilidad?

Podría suceder. Conocí a un padre que perdió a su hijo y me contó que había sido soldado antes de las protestas, pero se había unido a los camisas rojas tras la muerte de su hijo. Me dijo que se le había pasado por la cabeza devolver el golpe perpetrando un atentado en Bangkok, pero que había decidido no hacerlo porque no hubiera sido justo para los habitantes de la ciudad. Los camisas rojas se sienten tailandeses ante todo y no quieren hacer daño a otros tailandeses. El Gobierno y las élites deberían comprenderlo. No es que los camisas rojas no tengan capacidad para emplear la violencia, podrían hacerlo, lo que pasa es que no quieren. Pero si el Gobierno les presiona demasiado, si no les deja otra salida, se verán obligados a hacerlo, como ha sucedido en el sur de Tailandia.

Me gustaría preguntarte por los prisioneros políticos. ¿Cuántos presos políticos siguen en la cárcel tras el fin de las protestas? ¿En qué situación se encuentran?

Hay unos 200 prisioneros políticos. Están acusados de terrorismo, pero aún no han comenzado los juicios y el juez les ha negado el derecho a ser puestos en libertad bajo fianza. Hemos organizado algunas protestas en las cárceles, pero no ha acudido demasiada gente. Fui a visitar la cárcel de Udon Thani y sólo había unas sesenta personas. La gente tenía miedo, ya que estaba vigente el estado de emergencia. La gente está asustada.

Abhisit Vejjajiva habla mucho de “reconciliación nacional”. ¿Crees que está haciendo algo realmente por la “reconciliación nacional”?

Abhisit es una de las personas que mejor saben usar la lengua tailandesa. Sabe qué palabras emplear en cada momento, pero nunca ha dicho “lo siento” y eso es lo primero que debería decir. La gente le está pidiendo que haga algo, pero en realidad no puede, hay gente que tiene más poder que él.

¿Qué opinas de Thaksin? ¿Estás en contacto con él?

Thaksin trató de mantenerse en el poder, pero no pudo conseguirlo debido a fuerzas muy poderosas. Yo no tengo nada en contra de Thaksin, pero tampoco le apoyo. Sé que el sabe que existo y que me apoya, pero no le conozco. No quiero hacerlo porque necesito ser independiente. No estoy dispuesto a aceptar financiación de él por una cuestión de principios ni quiero ponerme en contacto con él porque el Gobierno podría utilizarlo como excusa para detenerme.

¿Estás en contacto con otros políticos?

Conozco a algunos, pero muy pocos. Nunca he tratado de ponerme en contacto con ellos. Quiero dejar claro que los camisas rojas no están controlados por el partido Puea Thai, quiero mostrarle a todo el mundo que son independientes. En esta ocasión se trata de lograr la democracia y si no podemos mostrar el poder del pueblo, no lo conseguiremos. Probablemente sea un proceso lento, pero podemos esperar, un año, cinco años, los que sean necesarios.

Sombat Boongamanong en un momento de la entrevista (O.M.).

Thaksin Shinawatra cometió graves violaciones de los derechos humanos, en las provincias del sur de Tailandia de mayoría musulmana o en 2003, con la guerra contra las drogas. ¿Cuál es la postura de los camisas rojas con respecto a esas violaciones?

Con respecto a esos temas, pienso de una manera diferente a la mayoría de camisas rojas, debido a que he trabajado muchos años en ONG. La mayoría de camisas rojas apoyan a Thaksin porque creen que hizo progresar al Gobierno para que sirviera a la gente, así que se centran exclusivamente en lo que Thaksin hizo por ellos. Es necesario que los camisas rojas desarrollen sus ideas sobre la democracia, que las amplíen. Es cierto que el movimiento nació para defender a Thaksin, pero ahora mucha gente está aprendiendo y lo que defiende es la democracia. Estamos pasando por un proceso de aprendizaje. Es como la pista de aterrizaje de un aeropuerto, que es necesaria para despegar. Ahora estamos construyendo esa pista y por lo tanto no hay prisa. Hay que tener en cuenta una cosa muy importante: si los camisas rojas vencen demasiado pronto, lo único que van a conseguir es que vuelva Thaksin, o los políticos. Y yo no estoy luchando por eso, estoy luchando por la democracia.

Hasta ahora, el movimiento de los camisas rojas era piramidal. En la cima estaban los líderes, pero ahora están en la cárcel. Pero ahí sigue el millón de camisas rojas en activo. Lo que es preciso hacer ahora es crear una estructura para que los camisas rojas puedan hacerse más fuertes. Debemos construir una estructura sólida y prepararnos para el día en que podamos cambiar el país y conseguir una democracia. Hasta hace cuatro años había dos grupos enfrentados en Tailandia: la élite y los políticos. La élite era conservadora y todavía conserva el poder, pero los políticos consiguieron el poder porque ganaron las elecciones. Sin embargo, no era realmente una democracia. No basta con votar para que haya democracia. Las elecciones forman parte de ella, pero no son suficientes; la gente debe tener en sus manos el poder, organizarse y ser capaz de movilizarse por sí misma cuando sea necesario. Creo que ahora no se trata de una lucha entre la élite y los políticos, sino que hay un tercer bando, que es el pueblo. Ése es el bando que yo apoyo. Tengo la esperanza de que si triunfa el pueblo, en el futuro tendremos una auténtica democracia, superaremos a los políticos. Porque en una verdadera democracia, el pueblo puede controlar a los políticos.

Son frecuentes las acusaciones de que Thaksin financia a los camisas rojas. Me gustaría saber cuáles son las fuentes de financiación de “Domingo rojo” y de los camisas rojas en general.

Tenemos una caja de donativos. Las actividades de “Domingo Rojo” son de “bajo coste”. Por ejemplo, para la gran manifestación de Bangkok el pasado 19 de septiembre, sólo gastamos 350 bahts [algo más de ocho euros] para comprar lazos rojos. La gente puede donar dinero y tenemos una cuenta bancaria para ingresar los donativos. “Domingo rojo” puede continuar sus actividades con el apoyo económico de la gente corriente. Cuando necesitemos más dinero, buscaremos la manera de conseguirlo. En diciembre vamos a organizar un espectáculo para recaudar mucho dinero. No necesitamos a Thaksin o a los políticos para financiarnos. Este movimiento debe pertenecer al pueblo. Si los camisas rojas dejan eso claro y son capaces de funcionar con el apoyo de la gente corriente, obtendrán un apoyo mayor. Mucha gente quiere apoyar la democracia pero se pregunta si esto es realmente un movimiento por la democracia o es un movimiento controlado por los políticos. No es que odie a los políticos, pero quiero que quede claro que éste es un auténtico movimiento del pueblo.

Lo que yo les digo a los camisas rojas es que deben crear pequeñas organizaciones como “Domingo rojo”. Nuestra organización no aspira a convertirse en la organización que lidere el movimiento, sino a ser una más entre muchas. Nosotros hemos sido los primeros y somos un ejemplo para las que vengan detrás de que una organización pequeña y pobre puede funcionar. Se trata de realizar actividades baratas y sencillas que tengan la máxima repercusión posible. Quince personas casi son demasiadas para mí, porque si la organización es muy grande es probable que se generen conflictos, lo que ralentiza su funcionamiento. Una organización es más ágil cuánto más pequeña sea. Debe haber muchas, mil organizaciones como “Domingo rojo”. Sería muy divertido que hubiera mil organizaciones de este tipo. El Gobierno no podría saber quiénes son los líderes. Después, en un futuro, emergerán nuevos líderes, pero deben proceder de abajo, de las bases.

(5) Comentarios

  1. Pues algo debe de estar haciendo bien Sombat, porque el PAD no para de quejarse de sus actividades. Lo curioso es que la gentuza del PAD le tiene miedo a Sombat precisamente porque los eventos que organiza son totalmente legales.

    No hay ninguna ley en Tailándia que penaliza actividades culturales legales, y por eso le tienen tanto miedo a este chico los militantes de la extrema derecha.

    Sombat entiende muy bien que sólo se puede ganar terreno contra los extremistas armados con agitación no violenta.

    ¡Suerte con todo Sombat!

  2. [...] “No estoy luchando por Thaksin, estoy luchando por la democracia” elgranjuego.periodismohumano.com/2010/11/05/%E2%80%9Cno-e…  por coronelaurelianobuendia hace 2 segundos [...]

  3. Fantástica entrevista, ayuda a entender el contexto y además es muy cercana. Sombat parece muy lúcido y razonable, enhorabuena por encontrarte con él y gracias por compartirlo.

  4. Genaro

    Me sorprende muy gratamente que PH tenga profesionales cubriendo conflictos como los del sudeste asiático. El material que se está publicando en este blog es periodismo, es oficio puro y duro.
    A Carlos Sardiña le deseo suerte y que siga por este camino.

    Saludos.

  5. katarina

    Pues una cosa es ser activista pro-democratica, otra es ser de camisetas rojas. Este Sombat suena como alguien con buenas intenciones, pero al fundirse con la mala fama de las camisetas rojas y a tener como base nada el sentimiento de pena para el pobre y nada de entendimiento de lo que es la sociedad Thailandesa, para guiarse, no le va a llevar muy lejos.

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