El gran juego

Bangkok (Tailandia).

La página web Prachatai se ha convertido en los últimos años en una fuente indispensable de noticias y análisis de la situación política tailandesa. Con artículos tanto en tailandés como en inglés, Prachatai es uno de los pocos medios realmente independientes que existen en el país, además de un ejemplo de buen periodismo y certeros análisis políticos. Quizá por ello, en la actualidad está bloqueada en su país, aunque sigue funcionando, cambiando su dominio de vez en cuando para burlar el bloqueo y llegar a sus lectores; de prachatai.com ha pasado a prachatai3.info.

La periodista tailandesa Chiranuch Premchaiporn, el pasado 20 de octubre en la redacción de Prachatai en Bangkok (C.S.).

La directora de Prachatai, Chiranuch Premchaiporn, ha aparecido últimamente en numerosos medios internacionales, es objeto de campañas de de apoyo de organizaciones como Amnistía Internacional y se ha convertido en la punta de lanza de la lucha por la libertad de expresión en su país, ya que se enfrenta a varias acusaciones de haber quebrantado la Ley de Delitos Informáticos y la ley de lesa majestad, que podrían suponer una condena de hasta cincuenta años de cárcel. La razón de dichas acusaciones es muy sintomática del punto hasta el cual se está recortando la libertad de expresión en Tailandia: no haber retirado del foro de su web con la suficiente rapidez unos comentarios considerados ofensivos hacia la monarquía.

Chiranuch es una bangkokiana de 43 años que, tras licenciarse en Periodismo, trabajó durante trece años en diversas ONGs de ayuda a enfermos de SIDA antes de fundar el medio que actualmente dirige. Esta mujer luchadora y sumamente amable está decidida a defenderse ante los tribunales y a seguir luchando con su trabajo por la libertad de prensa en su país. Chiranuch nos recibió a finales de octubre en la redacción de Prachatai en Bangkok, donde tuvimos la oportunidad de conversar sobre su portal de noticias, las acusaciones que pesan contra ella, la prensa de su país y la situación política en Tailandia.

En primer lugar me gustaría preguntarte por Prachatai. ¿Cómo comenzasteis? ¿Cuáles son vuestros objetivos?

Fundamos Prachatai en 2004 porque creíamos que los medios de comunicación estaban sometidos a un control excesivo en Tailandia. Aunque hay muchos medios en este país, la pluralidad informativa no existe. El ejército o el Gobierno controlan las cadenas de televisión, por lo que es difícil que emitan noticias críticas con el Gobierno. También existían presiones económicas a los periódicos, que dependen de la publicidad. El primer ministro en aquel momento, Thaksin Shinawatra, utilizaba sus empresas para influir en los medios, retirando la publicidad de los periódicos y revistas que le molestaban. De ese modo perdieron su independencia y pasaron a estar controlados de forma indirecta, aunque algunos eran complacientes con el poder y quizá la mayoría de ellos se autocensuraban. Creamos Prachatai porque creíamos que nuestra sociedad debía disponer de una fuente de información independiente y decidimos usar internet porque es el medio más barato. Cuando comenzamos, nuestro equipo editorial era muy reducido para cubrir las historias que los medios mayoritarios ofrecían de una forma tergiversada y para dar voz a la gente que no la tenía en otros medios.

En aquel momento, uno de los grandes problemas de Tailandia era el conflicto en el sur. La mayoría de noticias que ofrecían los medios no prestaban atención a las preocupaciones de la población ni a los grupos opuestos al Gobierno. La primera historia que cubrimos que despertó la atención de los medios mayoritarios y la que dio a conocer Prachatai fue la matanza de Tak Bai. Los medios mayoritarios sólo reflejaron la versión del ejército y del Gobierno, no la de la gente corriente que presenció el suceso. Aquello era un misterio, nadie sabía por qué había muerto aquella gente, así que decidimos investigarlo. Tenemos a un periodista en el sur que habla el idioma local, el yawi, y puede hablar con la gente. Cuando publicamos la historia, la reprodujeron algunos medios más grandes y fue así como llamamos la atención de los lectores del sur y de otras zonas de Tailandia. A partir de aquel momento comenzó a crecer poco a poco el número de lectores. Más tarde, tras el golpe de Estado en 2006, nuestros lectores aumentaron aún más, e incluso se multiplicaron por diez, porque el espacio que los medios mayoritarios dedicaban al movimiento de oposición al golpe, a las críticas al mismo y a los artículos que censuraban su legitimidad y la represión posterior era muy reducido, y en Prachatai sí cubrimos aquel movimiento y además aceptábamos colaboraciones externas.

Prachatai consta de dos secciones: una dedicada a las noticias y artículos de opinión y un foro en el que la gente puede elegir sus temas, debatir y compartir sus ideas. Tras el golpe de Estado, algunos foros sobre sociedad y política fueron cerrados o comenzaron a prohibir los comentarios que criticaban el golpe. Pero nosotros abrimos nuestro foro con la convicción de que deben poder expresarse todos los puntos de vista y la popularidad de nuestra página web se disparó. Pasamos de tener alrededor de mil lectores diarios a unos diez mil.

¿Quiénes son las personas que fundaron y mantienen Prachatai?

Cuando se fundó Prachatai el consejo de redacción estaba compuesto por activistas sociales, dos senadores, trabajadores de ONG y periodistas. Ahora mismo trabajan diez personas en la redacción: una de ellas se encarga de la versión en inglés y las otras nueve de la tailandesa. Contamos con tres corresponsales fuera de Bangkok: uno en el norte, otro en el noreste y otro en el sur, y además estoy yo, que soy la directora, y el resto del personal, que se ocupa de la financiación o el mantenimiento de la web.

Tengo entendido que Prachatai no acepta publicidad…

Al principio éramos medio sin ánimo de lucro, por lo que adoptamos la política de no aceptar publicidad, algo que considerábamos fundamental para ser independientes. Dependíamos de donaciones y subvenciones y nos vimos obligados a limitar el presupuesto. Pero más adelante consideramos que para mantener nuestra independencia era importante que nos pudiéramos mantener por nuestros propios medios, así que anunciamos que estábamos dispuestos a aceptar publicidad, pero dejamos claro que no íbamos a permitir que la publicidad interfiriera en nuestro trabajo y que los anunciantes no tenían derecho a influir en lo que publicamos, cosa que también hemos dejado siempre clara a nuestros patrocinadores. Empezamos a aceptar publicidad en abril de este año, pero el Gobierno bloqueó la web y arruinó nuestros planes empresariales.

¿Quiénes son vuestros patrocinadores?

Tratamos de preservar nuestra independencia no dependiendo de una sola fuente de donaciones, por lo que recibimos financiación del National Endowment for Democracy, de Estados Unidos, del Fund for Global Human Rights y de la Fundación Heinrich Böll, de Alemania. También recibimos apoyo económico de ciudadanos particulares. Además, vendemos camisetas y otros artículos de merchandising para obtener algún ingreso adicional. Siempre tratamos de diversificar nuestras formas de financiación.

La redacción de Prachatai en Bangkok (C.S.).

Me gustaría preguntarte por los medios de comunicación en Tailandia en general, cómo funcionan, cuál es el marco legal que los regula, etc.

La mayoría de las televisiones y emisoras de radio son propiedad del ejército y del Gobierno. Pero hay casi siete mil radios comunitarias. Ese tipo de radios empezaron a surgir en 1997, gracias a la Constitución popular que fue aprobada aquel mismo año, cuyo artículo 40 declaraba que las ondas radiofónicas eran de propiedad pública, por lo que se reservaba un porcentaje a los ciudadanos para que las emplearan en aras del interés público. No había ningún organismo regulador que se ocupara de controlar y aplicar estas disposiciones pero, como estaba contemplado en la Constitución, algunas comunidades crearon sus propias emisoras y comenzaron a retransmitir. De esas siete mil emisoras, unas seis mil no son realmente radios comunitarias, ya que pertenecen a empresas. Sin embargo, las otras mil, aunque incluyan publicidad, están tratando de seguir adelante y proporcionar un servicio público. En realidad, debido a la situación política, el Gobierno no sólo bloqueó muchas páginas web. sino también numerosas radios comunitarias, a las que acusa de estar vinculadas a actividades violentas.

En lo que respecta a la prensa escrita, se puede decir que es bastante libre, en el sentido de que la mayoría de los periódicos y las revistas son de propiedad privada y además cuentan con la Asociación de Periodistas Tailandeses, que es bastante fuerte, tiene una amplia experiencia en la lucha por la libertad de prensa, consiguió abolir las viejas leyes que permitían a las autoridades cerrar cualquier medio impreso e influyó en la aprobación de la ley para registrar medios impresos. Ahora, cuando alguien quiere abrir un medio impreso tiene que registrarlo, pero no hay que conseguir un permiso y no se puede cerrar fácilmente.

En el caso de Internet, no hay un marco legal claro. Para abrir una página web, basta con registrar el dominio. Pero en 2007, un año después del golpe de Estado, se aprobó la Ley de Delitos Informáticos para tratar de controlar y regular Internet con la excusa de impedir que se publicasen contenidos que incitaran a la violencia. El artículo 14 prohíbe aquellos contenidos que puedan “poner en peligro la seguridad nacional” y el artículo 15 amplia la acusación a quienes proporcionan el espacio en que se publica la noticia, como es mi caso. Si alguien escribe algo en nuestro foro que se considera que viola el artículo 14, también se me puede denunciar a mí como proveedora del servicio. Eso ha provocado que se extienda mucho la práctica de la autocensura, porque el proveedor de las IP también tiene que colaborar con las autoridades y los dueños de las páginas web no quieren que se utilice el artículo 15 en su contra.

Ése es tu caso y el de Prachatai. ¿Cómo sucedió?

Me detuvieron el 6 de marzo de 2009 por un contenido publicado en octubre de 2008. La policía se presentó en esta oficina y me detuvo. La División de Supresión de Delitos me estuvo interrogando unas horas antes de dejarme en libertad bajo fianza aquel mismo día. La acusación se basaba en la Ley de Delitos Informáticos y me aplicaron los artículos 14 y 15. Primero presentaron una sola acusación y después añadieron otras nueve, por tanto tenía diez causas en mi contra, cada una de ellas relacionada con una discusión en el foro de la página web. Puesto que hay diez discusiones que según ellos violan la ley, hay diez acusaciones diferentes en mi contra. Por tanto, me podrían aplicar varias condenas. La pena máxima podría ser de 20 años de cárcel y una multa de un millón de baht.

¿El contenido que desencadenó la acusación seguía estando en la web cuando te acusaron?

No, ya lo habíamos eliminado. Algunos de los contenidos sólo permanecieron en la web medio día, unos pocos días o incluso una semana. El que estuvo más tiempo, duró veinte días. En todos los casos eliminé los contenidos en cuanto me di cuenta de que podían ser ilegales.

¿De qué tipo de contenidos se trataba?

Eran mensajes que, según la policía, violaban el artículo 14 de la Ley de Delitos Informáticos porque aludían a la familia real, aunque no se la nombraba de forma explícita. Se trata de mensajes que se podrían interpretar como metáforas de algunos asuntos relacionados con la familia real. El 21 de marzo de este año la fiscalía presentó la acusación ante el tribunal, que aceptó el caso, y el juicio comenzará a celebrarse en febrero del año que viene. Como puedes ver, me enfrento a un largo proceso.

También hay otra acusación más reciente…

Sí. El 24 de septiembre de este mismo año me detuvieron en el aeropuerto de Bangkok cuando regresaba de Europa. Había viajado allí para asistir a dos congresos: el Internet Governance Forum, organizado por las Naciones Unidas en Lituania entre el 14 y el 17 de septiembre, y el Internet at Liberty, que se celebró en Budapest entre los días 20 y 22.

Cuando llegué a Bangkok me retuvieron en el aeropuerto durante media hora; me informaron de que había una orden de arresto contra mí, emitida en septiembre de 2009. Yo no sabía nada de aquella acusación y los agentes de inmigración que me detuvieron en el aeropuerto tampoco conocían los detalles del caso ni sabían de qué se me acusaba; se limitaron a detenerme cumpliendo la orden de arresto emitida por el tribunal provincial de Khon Kaen, una provincia situada a unos 400 kilómetros al nordeste de Bangkok. Como había sido la policía de esa ciudad la que había cursado la orden, la policía de inmigración tuvo que escoltarme hasta Khon Kaen. Hice el viaje hasta allí en el coche particular de un policía, no en un vehículo oficial. Salimos del aeropuerto de Suvarnhabumi a las cinco y media y llegamos a la comisaría de Khon Kaen a las once y cuarto de la noche. Allí me estuvieron tomando los datos hasta la una de la madrugada del día 25. Después la policía me interrogó aproximadamente hasta las dos y media y luego regresé a Bangkok, dónde llegué a eso de las diez de la mañana. Desde que había salido de Europa habían transcurrido treinta horas en las que no había tenido la oportunidad de dormir ni descansar.

¿Sabes quién te denunció?

Es un hombre al que no conozco. Presentó la denuncia a la policía de Khon Kaen en abril de 2008 y la policía aceptó el caso, así que ahora la denuncia aún se encuentra en manos de la policía. Si la policía decide llevarla ante los tribunales, lo referirá a la fiscalía, que a su vez decidirá si acusarme o no.

Es decir, cualquier ciudadano puede presentar una denuncia de este tipo.

Sí, especialmente en delitos de lesa majestad, tal y como contempla el artículo 112 del código penal, que se refiere a ese tipo de delitos. En esta ocasión, no sólo se me acusa de violar la Ley de Delitos Informáticos, sino que hay otra denuncia de un delito de lesa majestad por violar el artículo 112. También hay otra acusación basada en el artículo 116, contra quien haga públicos mensajes para cambiar las leyes o incitar a la violencia o a la comisión de delitos. Según el artículo 112, me podrían imponer una condena de entre tres y quince años de cárcel

En el caso de que el veredicto fuera de culpabilidad, ¿existe alguna posibilidad de un indulto real?

Sí. En la mayoría de los casos relacionados con el artículo 112, los acusados se declaran culpables para que el rey les conceda un indulto. Harry Nicolaides, el escritor australiano, fue condenado por violar el artículo 112, se declaró culpable y fue indultado. Duranee Charnchoengsilpakul , “Da Torpedo”, está en la cárcel cumpliendo una condena de dieciocho años por un discurso que pronunció durante una manifestación de los camisas rojas. Ella no se declaró culpable y está apelando su caso. Normalmente hay muchas más posibilidades de obtener un indulto del rey si uno se declara culpable.

En el primer cargo, el de 2009, el que ya ha sido aceptado por los jueces, ¿te has declarado culpable?

Quiero defenderme en los tribunales. No tengo ninguna intención de declararme culpable, no creo que hiciera nada malo, así que no hay ninguna razón para hacerlo. Creo que esto no sólo me atañe a mí, sino que la cuestión es si esa ley es justa o cómo se puede aplicar de la forma correcta. Según el texto de la ley, el proveedor del servicio al que se acuse tiene que haber consentido o propiciado el delito de alguna manera y yo no lo hice.

Chiranuch Premchaiporn en la redacción de Prachatai en Bangkok (C.S.).

¿Cuántos periodistas hay actualmente acusados o encarcelados por este tipo de leyes?

Yo soy la única periodista acusada en este momento, pero hay usuarios de Internet y blogueros acusados. Las cifras exactas no están disponibles todavía. Hay una organización trabajando en ello, pero aún no ha acabado su investigación. Hay otros proveedores de servicios de Internet, creo que son siete u ocho, a los que se les ha acusado esgrimiendo el artículo 15. Algunos han sido condenados y otros no. Hay un hombre que está en la cárcel desde abril por los contenidos que publicó en su página web, acusado de un delito contra la Ley de Delitos Informáticos y otro de lesa majestad. También hay un bloguero acusado. Pero los casos relacionados con la Ley de Delitos Informáticos no son fáciles de seguir, porque las autoridades tratan de ocultarlos y los acusados también intentan que sus casos no salgan a la luz. Eso así por dos razones: por la estigmatización social que pueden sufrir tanto ellos mismos como sus familias y porque a menudo la policía les presiona para que no hablen con los medios de comunicación, convenciéndoles de que si su caso no se hace público, será más fácil alcanzar una solución de una forma discreta.

En los últimos años ha aumentado enormemente el número de acusaciones de delitos de lesa majestad. ¿Por qué?

La tendencia al alza en el número de acusaciones se produjo desde el comienzo de la actual crisis política. Desde que hay descontento político y la gente trata de expresar sus ideas de diferentes maneras, las autoridades están usando cada vez más estas leyes para reprimir a la oposición, por lo que es probable que siga aumentando el número de casos. En ese sentido, la situación ha empeorado desde el golpe de Estado y es muy probable que lo haga aún más. Hace poco alguien hizo una pintada en los baños públicos de una gasolinera y al dueño de la gasolinera le podrían acusar de un delito de lesa majestad. El problema es que la interpretación de la ley no es clara. Por ejemplo, una crítica al Consejo Privado del rey se puede interpretar como una crítica a alguien relacionado con la figura del rey.

¿Hay algún otro tema tabú en Tailandia?

El principal problema ahora es la ley de lesa majestad. Los ultramonárquicos la utilizan mucho para proferir acusaciones públicas contra aquellos a los que consideran que no muestran suficiente lealtad a la familia real y a la monarquía. Y el propio Gobierno lo está fomentando. Hay muchos grupos que se consideran protectores del país, los patriotas, y el Gobierno les apoya aceptando las acusaciones y en algunos casos crea programas para promover esos grupos. Por ejemplo, hay una organización llamada “Cyber Scouts” que recluta a estudiantes como voluntarios para que denuncien los contenidos que supuestamente ponen en peligro la “seguridad nacional”, la monarquía y la familia real, y también para publicar contenidos a favor a de la familia real.

También hay otros asuntos sobre los que se ejerce censura, por ejemplo en el cine. Syndromes and a Century, la penúltima película de Apitchapong Weerasethakul, el director que ganó la Palma de Oro en el último festival de Cannes, fue prohibida en Tailandia. Se quiso eliminar una de las escenas por “obscena” porque aparecían unos médicos bebiendo alcohol. También se consideró “obscena” otra escena en la que un monje tocaba la guitarra y jugaba con una cometa. Hace poco fue censurado un anuncio de televisión que hacía un llamamiento a la reconciliación y a la unidad social tras las protestas porque un plano mostraba una bandera tailandesa rota. Eso también se considera “obsceno”. Por otro lado, hay algunos grupos de promoción de la salud que han conseguido que se prohíba que aparezca gente bebiendo alcohol en la televisión, por lo que cada vez que sale alguien bebiendo alcohol o fumando en la televisión, la imagen aparece borrosa.

¿Qué opinas de las protestas de abril y mayo, de los camisas rojas y sus demandas?

Creo que es la primera vez en la historia de Tailandia que existe un movimiento democrático procedente de la clase baja. Parece que el movimiento proviene de gente corriente de los pueblos o las ciudades a la que solíamos considerar demasiado pasiva para involucrarse en política. Creo que la causa es la frustración por el golpe de Estado. Muchos camisas rojas se han unido al movimiento porque apoyaban a Thaksin Shinawatra, pero muchos otros lo han hecho porque no están dispuestos a aceptar que haya más golpes de Estado en Tailandia. Con respecto a la cuestión de si se trata de un movimiento pacífico o no, no creo que puedan decir que lo sea completamente, pero intentan que sea lo más pacífico posible. La mayoría de los manifestantes estaban desarmados, pero eso no significa que no hubiera gente en las protestas que empleara la violencia. Si nos fijamos en la revuelta de octubre de 1973 y la de mayo de 1992, veremos que Tailandia nunca ha tenido un movimiento de protesta totalmente pacífico. Sin embargo, pese a que los manifestantes griten palabras bastante fuertes, la mayoría de ellos están desarmados. Tras la represión de las protestas, muchos están indignados ante la falta de justicia y no cabe ninguna duda de que existe un doble rasero, teniendo en cuenta que nadie fue condenado cuando los camisas amarillas del PAD tomaron el aeropuerto. Creo que si este país no es capaz de resolver la cuestión de la justicia, será muy difícil que reine la paz en nuestra sociedad. La gente no cree en la retórica de la reconciliación nacional, no se fía en absoluto, sobre todo teniendo en cuenta que muchos siguen encarcelados tras la represión de las protestas sin que hayan tenido un juicio justo o se haya seguido el procedimiento adecuado.

Mucha gente cree que este movimiento trasciende el apoyo a Thaksin Shinawatra. ¿Estás de acuerdo?

Sí, estoy de acuerdo. El problema es que mucha gente cree que Thaksin está detrás de las protestas y paga a los manifestantes, que le siguen porque carecen de educación y no son lo bastante listos para entender la situación. Eso es lo que opina alguna gente de clase media, pero basándome en las entrevistas que hemos realizado entre los camisas rojas mi equipo y yo, puedo decir que la gente sabe lo que está sucediendo y no ve a Thaksin como un dios, sino como a un político al que pueden usar y que puede satisfacer sus necesidades.

Creo que si Thaksin hubiera dicho que detuvieran las protestas antes de que el Gobierno pusiera fin a las mismas, no lo habrían hecho. Incluso los líderes de UDD pidieron que se detuvieran y la gente no les hizo caso. Eso demuestra que el movimiento no está controlado por los líderes, sino que pertenece al pueblo. La gente que se unió a las protestas tiene sus propias ideas, su propia energía.

He hablado con algunas personas que me han dicho que no eran camisas rojas antes de las protestas, y algunos de ellos incluso me han dicho que simpatizaban más con los camisas amarillas que con los rojos, pero tras la violencia de abril y mayo han decidido unirse a los camisas rojas. ¿Crees que hay muchos casos como ésos?

La mayoría de los camisas amarillas pertenecen a la clase media y la mayoría de los camisas rojas proceden de las zonas rurales, aunque también hay hombres de negocios a los que les gustaba Thaksin y se beneficiaban de sus políticas, lo que iba en contra de la ética de mucha gente. Pero la violenta represión de las protestas ha supuesto un punto de inflexión para muchos que ya observaban la situación, porque ha sido totalmente inaceptable. Muchos se han preguntado: “¿Por qué el Gobierno no se enfrentó al problema de una forma diferente?”. En Prachatai publicamos una carta que envió una mujer de clase media que decía que antes de la represión apoyaba a los camisas amarillas y después de las muertes se solidarizaba con los camisas rojas.

(6) Comentarios

  1. [...] Chiranuch Premchaiporn, una luchadora por la libertad de expresión en Tailandia, por Carlos Sardiña en Periodismo Humano. Share and Enjoy: [...]

  2. [...] Chiranuch Premchaiporn, una luchadora por la libertad de expresión en Tailandia [...]

  3. [...] Premchaiporn, Tailandia: Premchaiporn es una de las principales defensoras de los derechos humanos en Tailandia, muy especialmente del [...]

  4. [...] Mucho más cerca de nosotros, países como Alemania, Francia, Italia o Austria, a pesar de reflejar claramente en sus respectivas constituciones el derecho a expresarse libremente como una libertad fundamental de sus ciudadanos, consideran un crimen la negación del Holocausto. Es famoso el caso de Ernst Zündel, alemán exiliado en Estados Unidos y en Canadá, que fue extraditado al país Germano para ser juzgado por incitar al odio contra el pueblo judío y por negar el Holocausto, siendo condenado a la máxima pena de 5 años de prisión. Si bien la negación del Holocausto no es delito en Canadá, antes había sido retenido durante dos años en este país por constituir una amenaza para la seguridad nacional, y por “publicar literatura que podría incitar al odio contra un grupo identificable”, racial o étnico. Esta última actividad es de hecho un delito en numerosas legislaciones. La difamación, las afirmaciones que pudieran incitar al pánico de la problación (especialmente en ambientes bélicos o prebélicos), o la obscenidad, también han constituido limitaciones a la libertar de expresión de los norteamericanos en diferentes momentos históricos. Hay que decir que incluso en casos tan moralmente reprochables como el de la actitud mantenida por Zündel, todavía hay quien lo pudiera considerar un preso político más. Chiranuch Premchaiporn, webmaster de Prachatai, entre rejas. Fotografía de Nick NostitzEn Asia encontramos casos dantescos, como el de la periodista tailandesa Chiranuch Premchaiporn, que desde abril de 2009 se vio envuelta en un proceso judicial a causa de las opiniones vertidas por usuarios de la cabecera independiente que dirige, Prachatai. ¿El motivo? Un delito de lesa majestad, inicialmente enmascarado por acusaciones de opiniones amenazadoras para la seguridad nacional, en una causa incitada por un pequeño príncipe tailandés que se vio ultrajado por los comentarios de los usuarios del periódico. De hecho, los delitos de lesa majestad parecen ser el pan nuestro de cada día en el país asiático (dejo aquí una interesante entrevista a Premchaiporn en Periodismo Humano). [...]

  5. [...] Chiranuch Premchaiporn, webmaster de Prachatai, entre rejas. Fotografía de Nick NostitzEn Asia encontramos casos dantescos, como el de la periodista tailandesa Chiranuch Premchaiporn, que desde abril de 2009 se vio envuelta en un proceso judicial a causa de las opiniones vertidas por usuarios de la cabecera independiente que dirige, Prachatai. ¿El motivo? Un delito de lesa majestad, inicialmente enmascarado por acusaciones de opiniones amenazadoras para la seguridad nacional, en una causa incitada por un pequeño príncipe tailandés que se vio ultrajado por los comentarios de los usuarios del periódico. De hecho, los delitos de lesa majestad parecen ser el pan nuestro de cada día en el país asiático (dejo aquí una interesante entrevista a Premchaiporn en Periodismo Humano). [...]

  6. [...] misma lo explicaba en una magnífica entrevista de Carlos Sardiña para con periodismohumano.com. Merece la pena destacar una frase de la entrevistada: En 2007, un año después del golpe de [...]

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