El gran juego

Rangún (Birmania).

Segunda y última parte de la entrevista que mantuvimos a mediados de diciembre con el veterano periodista y político birmano U Win Tin en la sede de la Liga Nacional para la Democracia en Rangún. Tras conversar sobre su carrera política y la situación actual de la LND, en esta ocasión nos habla de la situación económica del país, sus relaciones con los países vecinos y las propuestas de la Liga Nacional para la Democracia para solucionar el conflicto entre las diferentes etnias que viven en Birmania.

U Win Tin pronuncia un discurso en la sede de la LND en Rangún, el pasado 23 de diciembre (AP/Khin Maung Win).

Birmania fue un día uno de los países más ricos del Sudeste Asiático. Después del golpe de Estado del general Ne Win en 1962, y tras casi cincuenta años de dictadura militar, aislamiento y una gestión económica desastrosa, se ha convertido en uno de los más pobres. ¿Qué políticas económicas aplicaría la Liga Nacional para la Democracia para mejorar su situación económica?

La economía es un asunto complicado y difícil. Los problemas económicos no se resolverán fácilmente; todo depende de numerosos factores, como las instituciones financieras, los recursos naturales, los países vecinos o la situación económica internacional. Habría que introducir muchas reformas.

Por ejemplo, en Birmania el cambio oficial es de seis kyats por dólar, una cifra absurda. Para atraer el dinero del extranjero, crearon un sistema de dos niveles: por un lado está el cambio del mercado, en el que un dólar equivale a unos mil kyats, y por otro el oficial. Para los ingresos que percibe el país, el régimen utiliza el cambio oficial. Si el Estado ingresa un millón de dólares, el gasto público debería ser de mil millones de kyats. Pero el Gobierno aplica la tasa de cambio oficial, dice que el país ha ganado seis millones de kyats y esa es la cantidad que destina al gasto público. El resto del dinero, 994 millones de kyats, va a parar al ejército, a la construcción de cosas como Naypyidaw [la nueva capital, construida en 2005 en medio de la selva] o se lo quedan directamente los militares y sus amigos y lo ingresan en bancos de Singapur. Eso ha estado sucediendo a lo largo de los últimos treinta años y ha empobrecido enormemente al país.

En cualquier caso, no se puede arreglar la situación económica de la noche a la mañana. Es preciso controlar el proceso o se corre el riesgo de que suceda algo similar a lo que ocurrió en Rusia cuando colapsó la Unión Soviética. Uno de los mayores problemas es que el Gobierno no invierte lo suficiente en el mantenimiento de las infraestructuras públicas. Los precios de los productos agrícolas son inestables. Otro problema es que muchas empresas constructoras se apropian de las tierras que pertenecen a la gente, como en el Estado Kachin o el Estado Mon, en el que se adueñaron de 400 hectáreas para construir una fábrica. La gente que trabajaba la tierra no puede hacer nada cuando los amigos del Gobierno se la arrebatan. Como puede ver, hay que reorganizarlo todo: la economía, el comercio, la agricultura, etc.

Aung San Suu Kyi ha dicho que el partido está dispuesto a reconsiderar su postura sobre las sanciones internacionales y estudiar si es necesario pedir una retirada de las mismas o fortalecerlas. ¿Qué opina usted de ese tema?

Es algo que tenemos que hacer. Las sanciones internacionales son muy útiles para nosotros, pero la población está sufriendo. Esa es la razón por la cual Aung San Suu Kyi quiere estudiar el asunto y escuchar a la gente. En su mayor parte se trata de sanciones selectivas cuyo objetivo es el Gobierno militar, pero tendremos que comprobar que no estén causando sufrimientos a la población. Si es así, pediremos a los gobiernos extranjeros que las revisen.

¿Usted cree que cuando Estados Unidos o la Unión Europea aprueban sanciones contra el régimen realizan un estudio adecuado de la situación para ver cómo esas sanciones pueden afectar a la población? Se lo pregunto porque hay casos en los que han perjudicado más a la población que a los generales. Por ejemplo, cuando en los años noventa Estados Unidos impuso una serie de sanciones a la industria textil y miles de personas perdieron sus empleos.

Ese tipo de cosas sucedieron hace algunos años, cuando comenzaron a imponerse sanciones a mediados de los años noventa. Muchos trabajadores fueron despedidos como consecuencia de algunas de ellas. Pero eso ya no ocurre porque ya no se imponen ese tipo de sanciones, ahora son selectivas y están dirigidas únicamente contra el Gobierno y los grandes empresarios vinculados a la Junta. Por supuesto, el Gobierno quiere que se levanten esas sanciones porque les están afectando; sus cuentas y las de sus familias están bloqueadas en muchos países, incluso en algunos bancos de Singapur.

En caso de que abrieran el mercado a los inversores extranjeros, correrían el riesgo de que esquilmaran los recursos del país y se llevaran todos los beneficios, como sucede en tantos países del tercer mundo, ¿cómo cree que podría evitarse eso?

Trataríamos de encontrar la manera de controlar las inversiones extranjeras. No puedo decirle cuál es la solución porque no soy economista, pero tenemos un ejemplo anterior en la región, cuando en 1996 el señor George Soros invirtió en Tailandia, Vietnam, Singapur, Malasia e Indonesia y la economía de esos países colapsó al año siguiente. No fueron esos países los que precipitaron la crisis económica, sino los inversores extranjeros. No podemos permitir que algo así vuelva a suceder. Sabemos que si abrimos nuestra economía dispondremos de más recursos procedentes de la economía internacional, habrá más inversiones, etc. Pero incluso si no contáramos con suficientes inversores extranjeros, podríamos mantener la economía con nuestros propios recursos, por ejemplo gracias a nuestras reservas de gas. Ahora no hay información disponible sobre los presupuestos estatales, pero se dice que los beneficios oficiales del comercio con el extranjero ascienden a unos cuatro millones de dólares anuales, lo cual no es mucho. Sin embargo, se calcula que sólo con la venta de gas a Tailandia, China o India, los generales obtienen unos ocho millones de dólares y son ellos los que se quedan ese dinero. Como puede ver, las cifras no cuadran. Este es un país pobre, pero la situación no es tan desesperada como la de otros países del tercer mundo: aquí la gente puede alimentarse y sería posible salvarlo si se introdujeran los cambios necesarios y las políticas económicas se aplicaran con transparencia.

El nuevo parlamento birmano en construcción, fotografía tomada en Naypyidaw el 6 de febrero de 2010 (AP/Khin Maung Win).

Me gustaría hablar de las relaciones de Birmania con sus vecinos, especialmente con Tailandia. Se habla a menudo de las relaciones con China, pero las relaciones con Tailandia no son menos importantes. ¿Qué cree que debería hacer Tailandia con respecto a Birmania, especialmente en el asunto de los refugiados e inmigrantes birmanos que viven allí?

Creo que nuestras relaciones con Tailandia son aún más importantes que las relaciones con China. China es un gran país, pero la mayor parte de nuestros contactos se limitan a las zonas rurales occidentales más pobres y menos desarrolladas. Aunque sabemos que el mercado chino puede ser muy grande, no tenemos demasiadas esperanzas en él. Pero nuestros contactos son mucho más fáciles con Tailandia. La frontera entre ambos países es muy extensa y bastante porosa. Tailandia es un país mucho más desarrollado que el nuestro, dispone de abundante tecnología procedente de Occidente, una industria fuerte, etc. Además, su población es mayor que la nuestra, por lo que podría ser un buen mercado. Puede proporcionarnos trabajadores cualificados, ya que está industrializado, y por otro lado necesita nuestros recursos naturales.

Hay muchos refugiados birmanos en Tailandia debido a la guerra en nuestro país. El Gobierno tailandés no puede tratarlos demasiado mal porque se supone que es un país democrático, hay presión internacional y muchas organizaciones internacionales trabajan allí. Lo que más nos preocupa son los inmigrantes. Hay más de un millón de inmigrantes birmanos en Tailandia. No pueden volver todos a Birmania, muchos están allí desde hace más de diez años y han tenido hijos allí. Por otro lado, tenemos ciertas responsabilidades con esa gente en lo que respecta a sus derechos políticos, laborales y humanos. En Tailandia no les tratan demasiado bien. Incluso si se produjera un cambio político en Birmania, no podríamos absorber a todos los inmigrantes que viven en Tailandia, pero si nuestro país se convirtiera en una democracia, o al menos fuera semidemocrático, sería más fácil trabajar con Tailandia sobre estos asuntos que con China.

¿Cree usted que China estaría dispuesta a tolerar un gobierno democrático en Birmania?

No, no lo creo, especialmente a la luz de lo sucedido en los últimos veinte años. Cuando nuestro partido ganó las elecciones de 1990, el embajador de China vino a nuestra oficina a darnos la enhorabuena. Por aquel entonces los chinos habían hablado alguna vez con la Junta militar, pero esta sólo llevaba dos años en el poder, su control del país era mucho menor que ahora y la relación entre ambos gobiernos no era demasiado estrecha. En aquel momento los chinos pensaron que Birmania podría llegar a convertirse en una democracia. Desde entonces, desde que el régimen encarceló a Aung San Suu Kyi o U Tin Oo, los chinos han cambiado su manera de pensar y no hemos tenido ningún contacto con ellos hasta ahora. Aung San Suu Kyi fue puesta en libertad el 13 de noviembre y al día siguiente se reunió con varios diplomáticos en la sede del partido, entre ellos un funcionario de la embajada china, pero no el embajador, como hace veinte años. Entre la visita del embajador en 1990 y la de ese funcionario hace unas semanas no hemos tenido ningún contacto con China, no hemos recibido ninguna invitación, nada.

Ahora la Junta militar birmana es prácticamente un títere de China, que tiene muchos intereses económicos en nuestro país, sobre todo el gas, y una ruta de acceso bastante corta al océano Índico, lo que también es importante desde el punto de vista militar. India, Rusia y Estados Unidos también consideran el Índico una zona estratégica clave. Birmania es muy importante para China y ahora puede ejercer un control enorme en la Junta militar, así que no creo que les guste demasiado la idea de que haya una democracia en este país porque podría perder sus privilegios. Es más que probable que en ese caso mejorasen enormemente las relaciones del Gobierno birmano con los países occidentales, algo que China no vería con buenos ojos.

El general Than Shwe, jefe de Estado de la Unión de Myanmar, y Wen Jiabao, primer ministro de China, se reúnen en Pekín el pasado 9 de septiembre (AP/Feng Li).

Me gustaría preguntarle por la cuestión de las diferentes nacionalidades, de los diferentes grupos étnicos. Aung San Suu Kyi ha hecho un llamamiento para convocar una segunda Conferencia de Panglong entre los dirigentes de las diferentes etnias. ¿Cuál sería en principio la posición de la Liga Nacional para la Democracia en esa segunda Conferencia de Panglong?

Esa es una cuestión muy antigua. Los militares llevan muchos años en el Gobierno y desde principios de los años sesenta consideran que un Estado federal significaría la disolución de la Unión y el final del dominio de la etnia birmana sobre las demás. Tienen una mentalidad chovinista y piensan que los birmanos son superiores culturalmente a las demás etnias, que es el ejército birmano el que debe mantener el control del país y que con un estado federal no podrían controlar a todas las nacionalidades. Bogyoke [el general] Aung San, padre de Aung San Suu Kyi, fue el que concibió la idea de un estado federal para Birmania en 1947, cuando se redactó la Constitución y se celebró la Conferencia de Panglong en febrero de aquel mismo año. Entonces Aung San les dijo a los líderes de las demás naciones que habría que imponer el modelo federal para que los todas las etnias se unieran a los birmanos en su lucha por la independencia. Pero Aung San fue asesinado aquel mismo año y, catorce años después de la independencia, un golpe de Estado militar acabó con la democracia, por lo que se desechó esa idea y los birmanos asumieron todos los puestos de responsabilidad en el Gobierno y en el ejército.

Si se implantase un sistema federal habría siete estados (Chin, Kachin, Mon, Karen, Karenni, Arakan y Mon), además de un estado birmano, que sólo sería uno más, todos ellos con los mismos derechos políticos. En 1961 hubo un movimiento liderado por los shan que abogaba por ese modelo federal. El ejército tuvo miedo, pensaba que era una idea de Occidente, y en 1962 dio un golpe de Estado y tomó el poder. Lo que hizo entonces fue aceptar los siete estados de las minorías, pero en lugar de crear un estado birmano único, lo convirtió en siete divisiones diferentes (Sagaing, Tenasserim, Irrawady, Pegu, Magway, Mandalay y Rangún). De este modo había siete divisiones frente a siete estados, con lo cual la etnia birmana tenía el cincuenta por ciento del poder y no una octava parte. Esa organización se ha mantenido hasta ahora, pese a que las otras naciones no la aceptan. Nosotros también pensamos que esa forma de gobierno no es adecuada. Mientras los birmanos tengan demasiado poder, habrá luchas armadas y la paz será imposible. Otro problema es que la mayoría de los recursos naturales del país se hallan en los estados, como por ejemplo en Arakan, pero están controlados por el Estado central.

Otra cuestión es cómo podemos organizar esa conferencia, algo que será enormemente difícil. Esa es la razón por la que Aung San Suu Kyi ha hablado no sólo de una segunda conferencia de Panglong, sino de una conferencia del siglo XXI. Lo que quiere decir es que no podemos reunir a toda la gente en Rangún, en el Estado Shan o en cualquier otro lugar para debatir y hacer una declaración común ya que los militares no nos lo permitirían. La idea es utilizar la tecnología de este siglo para que las diferentes nacionalidades que viven en las regiones fronterizas o las montañas debatan en Internet.

En febrero de 1989, Aung San Suu Kyi pronunció un discurso durante un viaje por el Estado Shan, en Mobye, en el que propuso una segunda Conferencia de Panglong, pero al Gobierno militar no le gustó la idea. La constitución aprobada en 2008 recoge la organización en siete estados y siete divisiones y otorga todos los poderes al Gobierno central y las fuerzas armadas. Esa es la razón por la que los partidos políticos de las diferentes nacionalidades aceptaron la idea de Aung San Suu Kyi y el Congreso Nacional Chin hizo una declaración pública el 24 de octubre, antes de que pusieran a Aung San Suu Kyi en libertad, en la que pedía a todas las nacionalidades que participasen en una nueva conferencia, una declaración que nosotros también firmamos.

El Gobierno piensa que nos estamos enfrentando a él y nos acusa de intentar instaurar un nuevo gobierno o un parlamento federal, pero nosotros desmentimos las acusaciones. Lo que estamos haciendo es tratar de resolver el problema de las nacionalidades en Birmania. Es necesario aceptar la idea de un Estado federal. Hay dos características principales de ese tipo de estado: la igualdad entre todas las nacionalidades y la autodeterminación. No la autoadministración, sino autodeterminación, lo que significa que tendrán sus propio parlamento y su propio gobierno y podrán decidir qué es lo que desean. Es algo parecido a lo que tienen en Estados Unidos, donde Hawái, por ejemplo, es un estado pequeño, pero hay otros como California muy grandes y eso no importa porque todos tienen los mismos derechos políticos. Es un tipo de organización perfectamente factible.

Aung San Suu Kyi ha pasado catorce de los últimos veinte años en arresto domiciliario y hay quien dice que podría haber sido más útil si hubiera aceptado salir de Birmania y luchado por la democracia desde el extranjero. ¿Qué opina de ese tipo de argumentos?

Nosotros creemos que no es un argumento válido. El ejército controla Birmania desde hace más de cincuenta años, por lo que no hay demasiadas personas que puedan liderar al pueblo. Míreme a mí, por ejemplo, ya tengo más de ochenta años y cuando me detuvieron tenía sesenta. Las cárceles birmanas no son como las europeas; en las cárceles europeas uno sólo pierde su libertad, pero tiene las necesidades cubiertas, las condiciones son soportables. En las cárceles birmanas, por el contrario, tratan a los presos como animales. La gente no está dispuesta a hacer el sacrificio de ir a la cárcel porque, además, cuando una persona es encarcelada, su familia se enfrenta a numerosos problemas. Por eso respetan tanto a los políticos que si están dispuestos a hacer ese sacrificio.

Aung San Suu Kyi habla con una de sus seguidoras frente a la sede de la LND en Rangún el pasado 16 de diciembre (C.S.).

La mayoría de los líderes son incapaces de inspirar y animar a luchar a la gente. Aung San Suu Kyi es la única persona con capacidad de liderazgo y a la que, además, el pueblo está dispuesto a seguir. Durante el régimen socialista, no había ningún tipo de estímulo político, no estaba permitido leer libros sobre política ni debatir temas políticos, por lo que había muy pocos jóvenes a los que les interesara la política y no surgieron demasiados líderes. Yo, por ejemplo, he sido un periodista bastante conocido, he trabajado mucho y he estado en la cárcel, lo cual me ha granjeado cierta fama y algo de influencia política. Muchos jóvenes y mucha gente mayor me admiran porque salí de la cárcel cuando tenía ochenta años y desde el primer día comencé a reunirme con los medios de comunicación, a criticar duramente al Gobierno y a defender la democracia y los derechos humanos. Pero no tengo demasiados seguidores. Quizá sea un líder, y estoy decidido a serlo, pero hay poca gente dispuesta a seguirme. Mire a U Tin Oo, que fue el jefe del Estado Mayor del ejército, un hombre honesto que lleva treinta años fuera del ejército y ha trabajado mucho para la LND; tiene la inteligencia y la voluntad política necesarias para liderar a la gente, pero no hay mucha gente dispuesta a seguirle.

De momento, Daw Aung San Suu Kyi es la única persona capaz de liderar a la gente gracias a su inteligencia, su reputación, el nombre de su familia, su capacidad para pronunciar buenos discursos o los sacrificios que ha hecho. Podría volver a Inglaterra y tener mucho dinero fuera de Birmania, por el premio Nobel, por ejemplo, pero no puede poseer nada aquí. Si saliera del país, podría hacer cosas útiles, por supuesto, podría viajar a Estados Unidos o a Europa y pronunciar discursos en los parlamentos nacionales o en la ONU, pero puede hacer muchas más cosas para la gente aquí, dentro del país.

(7) Comentarios

  1. [...] U Win Tin, padre de la oposición democrática birmana (y II) [...]

  2. Alberto

    Impecable la serie de entrevistas.
    Me pregunto si Aung San Suu Kyi realmente podría hacer oposición a la Junta desde Occidente. Quizás consiguiera aumentar su popularidad y la de su causa entre europeos y americanos pero esto no alejaría los intereses del capitalismo chino de su país, bien defendidos por la dictadura militar.

  3. ¿Cuando llegara la primavera Birmana? Antes de ver marchitarse en cárceles medievales a tantos héroes conscientes de sus sacrificios por el pueblo.
    Todos lo esperamos.
    Y, es que una tiene la extraña sensación de la existencia de claves incomprensible para que en algunos lugares del planeta no les llegue “La Hora” por más que se adelanten con sus gestos a la Victoria.
    Su valor es imprescindible para mantener altas las frentes de la No-violencia y aguardar.

  4. [...] Entrevista a U Win Tin, padre de la oposición democrática de Birmania (II), por Carlos Sardiña en Periodismo Humano [...]

  5. Dora Ga

    Mágnifica entrevista.Me parece muy importante tener información sobre países tan lejanos y conocer la situación real de la población.Y también el esfuerzo de líderes como U Win Tin que hacen tanto por ayudarles.

  6. cohiba

    Si Aung San Suu Kyi luchara por la democracia en el extranjero, supongo que el resultado sería peor que el del Dalai Lama. Occidente hace buenos gestos, pero no suele pasar de ahí. Como bien dice U Win Tin, a China no le interesa cambiar de sistema.

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