El gran juego

Bangkok (Tailandia).
Fotografías: Omar Montenegro y Carlos Sardiña.

Este domingo Tailandia celebra unas elecciones que determinarán en gran medida el futuro de un país sumido en una grave crisis política que dura ya más de cinco años. Desde que el ejército diera un golpe de Estado en 2006 contra el primer ministro Thaksin Shinawatra, el conflicto se ha ido recrudeciendo hasta culminar en la violencia de abril y mayo del año pasado, cuando 91 personas, la mayoría civiles desarmados, murieron en los enfrentamientos entre el ejército y los camisas rojas, partidarios de Thaksin, que ocuparon durante semanas el distrito comercial de Bangkok.

Yingluck Shinawatra, candidata a primera ministra de Tailandia, durante un mitin en la localidad tailandesa de Aranyaprathet, el 28 de junio (O. M.).

Todas las encuestas señalan que los tailandeses probablemente votarán por primera vez a una primera ministra: la candidata del Partido Puea Thai, Yingluck Shinawatra, la hermana más joven de Thaksin. Como en anteriores elecciones, el partido de Thaksin ganaría en el norte del país y el Demócrata en el sur,  éste podría perder en Bangkok, dónde solía obtener la mayoría de votos.

Yingluck, una recién llegada a la política, afirma que aplicará en el Gobierno sus conocimientos de gestión empresarial adquiridos en una de las empresas del clan Shinawatra. Hay que recordar que Thaksin, que ha descrito recientemente a Yingluck como su “clon”, afirmó en su momento que gestionar una empresa y gobernar un país eran exactamente lo mismo.

En cualquier caso, es poco probable que ninguno de los dos partidos obtenga la mayoría suficiente de escaños en el Parlamento para formar un Gobierno, por lo que la llave de la gobernabilidad se hallaría en manos de los partidos más pequeños que concurren a las elecciones.

Son muchos los que creen que las elecciones no bastan solucionaran la crisis y hay temores de que, en caso de que Yingluck obtenga la victoria, se le impida formar Gobierno mediante una maniobra judicial como la que, en 2008, acabó con el Gobierno afin a Thaksin elegido en 2007 o incluso, dada la larga historia de intervenciones militares en la política tailandesa, un golpe de Estado del ejército. Como dijo recientemente el analista Thitinan Pongsudhirak: “En la democracia electoral tailandesa, quienes son capaces de ganar las elecciones no pueden gobernar, y quienes pueden gobernar no son capaces de ganar las elecciones”. El mes pasado, el jefe del ejército, el general Prayuth Chan-ocha, hizo un llamamiento en un canal de televisión controlado por las fuerzas armadas a que los votantes elijan a la “gente buena” en las elecciones, lo que ha sido interpretado como una petición de voto para el Partido Demócrata que actualmente ocupa el poder.

El Puea Thai se queja de que las elecciones no pueden ser libres y justas e incluso de que el símbolo del partido que aparece en las papeletas electorales es demasiado pequeño e induce a la confusión, por culpa de un error de la Comisión Electoral que no se pudo subsanar a tiempo.

Abhisit Vejjajiva, primer ministro de Tailandia, durante un mitin en Bangkok el 23 de junio (C. S.).

Suceda lo que suceda en las urnas, es muy posible que los tailandeses de uno u otro bando vuelvan a salir a las calles: si se instaura un Gobierno del Puea Thai, lo harían los camisas amarillas de la Alianza Popular para la Democracia (APD), que se han distanciado de su antiguo aliado, el Partido Demócrata, y piden que se vote “No” (en Tailandia el voto es obligatorio, pero las papeletas contienen la opción “No” para aquellos que no quieran votar por ningún partido). Si ganaran los demócratas o lo hiciera el Puea Thai y no se le permitiera gobernar, lo harían los camisas rojas. En cualquiera de los dos casos, la violencia podría volver a estallar en cualquier momento.

El Partido Demócrata acusa a Yingluck y al Puea Thai, uno de cuyos lemas es “Thaksin piensa, el Puea Thai actúa”, de no ser más que títeres en manos de Thaksin, y de que su principal objetivo es traerle de vuelta a Tailandia. Thaksin está exiliado en Dubai desde 2008 y se enfrenta a dos años de cárcel por un caso de corrupción y abuso de poder si regresa a su país. Los demócratas también arremeten contra la falta de experiencia política de Yingluck. Sin embargo, gracias a una campaña organizada al milímetro, Yingluck se ha ganado a amplios sectores del electorado con su sonrisa permamente y su mensaje conciliador y positivo, lejos de la actitud desafiante que solía caracterizar a su hermano.

Yingluck pronuncia discursos cortos para minimizar la posibilidad de cometer errores, evita entrar en detalles y mencionar temas controvertidos y apela más a los sentimientos que a la razón. La falta de substancia de su discurso y su programa no ha representado ningún problema durante la campaña: Yingluck tiene una capacidad para comunicarse con el electorado de la que carece su rival y en todo momento parece encontrarse cómoda entre sus seguidores, una sensación que Abhisit, más rígido, es incapaz de transmitir. En los mítines de Yingluck, suele enardecer a las masas el carismático Nattawut Saikua, candidato al Parlamento y antiguo líder del Frente Unido para la Democracia y contra la Dictadura (UDD), la organización de los camisas rojas, cuyas dotes para la oratoria son famosas entre los tailandeses.

Nattawut Saikua, candidato del Puea Thai,durante un mitin en la localidad tailandesa de Aranyaprathet, el 28 de junio (O. M.).

Sin embargo, los demócratas afirman que aún tiene posibilidades de vencer y parecen confiar en el voto de los indecisos. Durante una entrevista para Periodismo Humano, la candidata más joven del partido, Chitpas Bhirombhakdi, conocida por ser la hija del vicepresidente del imperio cervecero Singha Corporation, afirmaba que las encuestas señalaban que el cuarenta por ciento de los votantes estaban indecisos y que cualquier cosa podía ocurrir en las elecciones. Una semana después, el portavoz del partido, Buranaj Smutharaks, empleaba el mismo argumento, pero el porcentaje de indecisos había descendido al treinta por ciento.

En la recta final de la campaña, el Partido Demócrata ha decidido utilizar los enfrentamientos del año pasado para tratar de obtener votos. De hecho, uno de los carteles electorales muestra una imagen de los incendios de diversos centros comerciales presuntamente perpetrados por los camisas rojas el último día del asalto del ejército a su campamento.

El día 23, el Partido Demócrata celebró un mitin en la intersección de Ratchaprasong, escenario de las protestas y los violentos enfrentamientos del año pasado, en el que el viceprimer ministro y secretario general del partido, Suthep Thaugsuban, dijo que “nadie murió” allí, excepto cuatro personas, y atribuyó toda la responsabilidad de la violencia a los misteriosos “hombres de negro” armados que se hallaban entre los camisas rojas. No es la primera vez que Suthep hace ese tipo de declaraciones, pese a que la agencia encargada de investigar los hechos, el Departamento de Investigaciones Especiales (DIE), aún no ha hecho públicas sus conclusiones. Cuando le preguntamos al portavoz de los demócratas, Buranaj, si no creía que era precipitado hacer ese tipo de declaraciones, afirmó que el Gobierno dispone de información y que es evidente que los “hombres de negro” instigaron la violen y utilizaron a los camisas rojas desarmados como escudos humanos.

En el mitin del día 23, Abhisit declaró que había llorado durante los episodios de violencia y Suthep pidió el voto para el Partido Demócrata y afirmó que votar al Puea Thai significaba admitir “terroristas en el Parlamento”. Los camisas rojas consideran el mitin una provocación y sus líderes les pidieron que no acudieran al lugar, en el que han celebrado numerosas manifestaciones durante el último año. Yingluck declaró que iba a “ejercitar la paciencia y no contraatacaría”.

En lo que respecta a los programas de ambos partidos, las diferencias entre sus políticas sociales y su ideología son casi inexistentes. Ambos se definen como demócratas y liberales y ambos tratan de ganarse al electorado con políticas de corte populista en una especie de puja por ofrecer unos incentivos a la población lo más atractivos posibles. Por ejemplo, el Puea Thai ha ofrecido ordenadores portátiles a todos los niños, acabar con la pobreza en cuatro años o entregar tarjetas de crédito a los agricultores. La candidata demócrata Chitpas creía que muchas de esas medidas eran inviables e inútiles y se preguntaba con qué impuestos se costearían. Mientras tanto, los camisas rojas acusan al Partido Demócrata de copiar y desvirtuar políticas adoptadas por Thaksin durante sus dos legislaturas.

Quizá la mayor diferencia entre ambos partidos sea su política con Camboya. Debido a una disputa por los territorios que rodean a un antiguo templo jemer, el Gobierno actual mantiene un enfrentamiento con el país vecino que en febrero desembocó en unos enfrentamientos armados entre ambos países en los que murieron varios soldados de los dos bandos.

Suthep Thaugsuban, secretario general del Partido Demócrata, durante un mitin en Bangkok el 23 de junio (C. S.).

El Gobierno demócrata se niega a aceptar la mediación de una tercera parte, ya sea de la ONU, la Corte Internacional de Justicia o la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), a la que ambos países pertenecen. Según Buranaj, se niegan porque Camboya sólo quiere evitar las negociaciones bilaterales para no verse obligada a respetar un acuerdo firmado por ambos países en 2003. Los opositores del actual Gobierno creen que los demócratas utilizan el conflicto para avivar el sentimiento nacionalista en su propio beneficio, una acusación que Buranaj niega y dirige contra los camisas amarillas.

El pasado lunes, el portavoz del Puea Thai, Pithaya Pookaman, diplomático retirado, declaraba a Periodismo Humano que las relaciones entre ambos países mejorarían sustancialmente con su partido en el Gobierno, y que su partido está dispuesto a aceptar la mediación de terceros países si es necesario. Hay que recordar que Thaksin Shinawatra mantiene buenas relaciones con el presidente de Camboya, Hun Sen, para el que incluso trabajó brevemente como asesor económico hace un par de años.

El miércoles, Pithaya pronunció un discurso en un mitín en la localidad fronteriza de Aranyaprathet en el que criticó duramente la actitud del Gobierno con Camboya. El candidato de la zona, Sorawong Thienthong, hijo de un famoso político y empresario del lugar y diputado por la provincia de Sa Kaeo, declaró que, de momento, el conflicto fronterizo no había afectado a las relaciones de la provincia con sus vecinos camboyanos, ya que las poblaciones de ambos países se conocen bien, conviven sin problemas y mantienen estrechos vínculos comerciales. No obstante, Sorawong temía que eso cambiara si el conflicto continuaba, lo que, según él, era más probable con los demócratas en el poder que con un Gobierno del Puea Thai.

Un asunto que ha suscitado ciertos temores entre algunos grupos de derechos humanos, dado el historial de Thaksin, es la promesa del Puea Thai de erradicar totalmente las drogas en doce meses. En 2003, el Gobierno de Thaksin emprendió una guerra contra el narcotráfico que, según Human Rights Watch, costó en tres meses la vida a más de dos mil sospechosos de narcotráfico, en su mayor parte camellos de poca monta e inocentes, en ejecuciones extrajudiciales perpetrados por la policía. Yingluck ha afirmado que utilizará una estrategia más suave, centrada en ayudar a los drogodependientes, pero el hecho de que el vice secretario general del partido haya declarado que la campaña de 2003 “fue un éxito” induce a pensar que no se ha aprendido de los errores del pasado y podrían volver a repetirse los abusos de hace ocho años.

Ninguno de los dos partidos tiene previsto emprender una reforma inmediata de la ley de lesa majestad, la más severa del mundo, que contempla penas de hasta quince años de cárcel por injurias o amenazas al rey, la reina o el príncipe heredero. La ley impide que se debatan abiertamente asuntos de vital importancia en la sociedad tailandesa y se ha utilizado cada vez más en los últimos años como un arma política para silenciar cualquier crítica a la Casa Real, hasta el punto de que, según el especialista David Streckfuss, hay más de doscientos presos condenados por lesa majestad en las cárceles tailandesas.

Por su parte, el Puea Thai está decidido a cambiar la actual Constitución, redactada por la Junta militar que asumió el Gobierno tras el golpe de Estado y aprobada en 2007 mediante un referéndum en el que el ejército presionó fuertemente a la población para que aceptara. Según el portavoz Pithaya, el objetivo es restablecer el estado de Derecho e instaurar una constitución más democrática, utilizando como base, tras un nuevo referéndum, la de 1997, considerada la más democrática de la historia de Tailandia y la única elaborada por un Parlamento electo. Pithaya cree que sólo entonces Tailandia disfrutaría de una judicatura independiente y Thaksin podría demostrar su inocencia y regresar al país.

Pithaya Pookaman, portavoz del Puea Thai, durante un mitin en la localidad tailandesa de Aranyaprathet, el 28 de junio (O. M.).

Circulan rumores de que el ejército, un sector de la élite vinculada a la Casa Real, Thaksin y los demócratas están manteniendo conversaciones secretas para llegar a un acuerdo que haga posible un Gobierno del Puea Thai si gana las elecciones. En ese acuerdo, éste renunciaría a buscar cualquier tipo de venganza contra el Partido Demócrata y los militares responsables del golpe de Estado y no trataría de purgar a los militares vinculados al golpe de 2006. Un tema de crucial importancia en estas elecciones, pero del que casi nadie se atreve a hablar debido a la severa ley de lesa majestad, es qué sucederá cuando llegué el momento de la sucesión del rey Bhumibol Adulyadej, una figura enormemente influyente en la historia reciente del país. Ciertos sectores del entorno de la corona y el ejército quieren evitar a toda costa que Thaksin o sus asociados ocupen el poder cuando ese momento llegue, ya que temen que pueda controlar el proceso de sucesión. Según algunos analistas, esos sectores están detrás del golpe de Estado de 2006 y de las maniobras para arrebatar el poder en 2008 a un gobierno afín a Thaksin elegido en 2007. Son esos mismos sectores los que no estarían dispuestos a aceptar un Gobierno de Yingluck Shinawatra. Llegar a un acuerdo con ellos podría ser extremadamente difícil.

También podría ser muy difícil que los camisas rojas aceptaran un acuerdo después de tres años de lucha. Según Pithaya, el Puea Thai está caminando en la cuerda floja: si su Gobierno no castiga a los responsables de la matanza del año pasado, los familiares de las víctimas y muchos camisas rojas se sentirán traicionados, pero hacer caer el peso de la ley sobre todos los responsables podría arruinar el proceso de reconciliación. Pithaya afirmaba que el “perdón es indispensable para alcanzar la reconciliación”, probablemente se investigaría el papel que desempeñaron las diferentes partes implicadas en la represión de los camisas rojas y no se porcesaría a quienes sólo tuvieran una “responsabilidad política” y se ofrecerían compensaciones a las familias de las víctimas.

Durante el último año, el Gobierno del Partido Demócrata ha hablado mucho de la necesidad de volver a unir a los tailandeses y de reconcialiación, pero ha tomado pocas medidas concretas para esclarecer la verdad y ha reprimido a los camisas rojas. Tanto Thaksin como los demócratas tienden a ignorar fácilmente los principios democráticos y el Estado de derecho que afirman defender. Queda por ver si un Gobierno de Yingluck puede lograr lo que no ha conseguido su predecesor, y también si un hipotético acuerdo entre las diferentes élites que pugnan por el poder en el país desde que Thaksin ascendió al poder supondría un progreso hacia la democracia más allá de elegir a un bando u otro en las elecciones.

(5) Comentarios

  1. [...] Una Tailandia dividida acude a las urnas [...]

  2. mario

    me sorprende que periodismohumano de nuevo no conozca los articulos en que describen cómo se manipula la situación en thailandia por parte de las corporaciones. ¿O es que ya ha tomado partido?
    Os recomiendo el link:
    http://landdestroyer.blogspot.com/2011/06/stolen-elections-battle-cry-of-color.html

    http://nonius451.blogspot.com/

  3. [...] Una Tailandia dividida acude a las urnas elgranjuego.periodismohumano.com/2011/07/01/elecciones-en…  por escalibrur hace 1 segundos [...]

  4. Pol

    Buen artículo!

  5. cohiba

    Sigo pensando que la clave en Tailandia es la figura del rey Buhimol y la sucesión al trono. A partir de ahí… veremos que más se hace/deshace.

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