El gran juego

Rangún (Birmania).

“Cuando era un niño nunca compartía. Mi palabra favorita siempre era ‘mío’”, escribe en inglés en una pizarra Daw Sai Bai, una profesora de 46 años, durante la clase de “pensamiento crítico”. Cuarenta niños de unos siete años de edad repiten sus palabras a voz en grito. Junto a ellos, en el aula contigua pero en el mismo espacio, sin ninguna separación entre ambas, Ma Tar Chi, una profesora de 25 años de edad, imparte lecciones de inglés a otros niños y, al lado, Khin My Htoo, de 26 años, enseña matemáticas a otro grupo.

Daw Sai Bai imparte clases en la escuela del "hogar de la madre" en Hlaigtharyar (Rangún), el pasado 29 de julio (C. S.).

Más de cien niños llenan el escaso espacio de la escuela “Hogar de la madre”, en el distrito de Hlaigtharyar, en Rangún. Es una de las diez escuelas que ha abierto en los últimos meses la Liga Nacional para la Democracia, el partido de Aung San Suu Kyi (la “madre” del nombre no es otra que ella), en la antigua capital de Birmania. Todas las escuelas de la LND se hallan en distritos como éste, una barriada pobre situada en las afueras de la ciudad, construida en torno a las fábricas textiles donde trabajan la mayor parte de sus habitantes a cambio de salarios miserables.

Dieciocho profesores, todos ellos voluntarios que no reciben ningún tipo de compensación económica, imparten clases de educación primaria a 564 alumnos en la escuela de Hlaigtharyar. La mayoría tienen entre 5 y 13 años, pero también hay personas mayores que no pudieron estudiar durante su infancia porque se vieron obligados a trabajar.

Una niña toma apuntes en la escuela de la LND (C. S.).

La escuela es totalmente gratuita y además ofrece una comida diaria a sus alumnos. En ella se enseñan las mismas materias que en las escuelas públicas: birmano, matemáticas, inglés, historia, geografía, ciencias naturales o informática (para lo cual cuenta con cuatro ordenadores personales). La financiación corre a cargo de los líderes de la LND, incluida la propia Aung San Suu Kyi, y donantes locales. No recibe ningún dinero de ONG alguna ni, como el partido en general, del extranjero (algo ilegal en Birmania y enormemente complicado dado que el sistema bancario birmano no está conectado al internacional).

Puede parecer extraño que un partido político abra una red de centros educativos, pero las escuelas públicas difícilmente pueden cubrir las necesidades de más de cincuenta millones de birmanos cuyo Gobierno tiene otras prioridades: sólo un 4,13 por ciento (243 millones de euros) del presupuesto de este año está destinado a la educación, frente a un 23,6 por ciento (1.390 millones de euros) dedicado a Defensa. Además, en Birmania no están permitidas las escuelas privadas, a excepción de las organizadas por los monasterios budistas.

La escuela del "hogar de la madre" en Hlaigtharyar (C. S.).

En teoría, las escuelas públicas son gratuitas, pero la realidad es otra en un país en el que la corrupción endémica también afecta al sistema educativo. Para completar el magro salario que reciben del Estado, la mayoría de los profesores obligan a los padres a pagarles por impartir clases de refuerzo a sus hijos fuera de las aulas. Además, los padres deben pagar un material escolar que a menudo no se pueden permitir y, de hecho, muchas escuelas cobran gastos de matriculación a los alumnos para poder acceder a ellas.

En esas condiciones, no es de extrañar que el nivel educativo de Birmania sea uno de los más bajos de la región. Saya Tar, un profesor de 46 años que enseña inglés en la escuela de la LND en Hlaigtharyar nos comentaba que a menudo los niños acaban la educación primaria prácticamente sin saber leer ni escribir: los profesores se limitan a hacerles pasar de curso sin prestar ninguna atención a su aprendizaje.

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Como la mayoría de los maestros de la escuela, Saya Tar no es miembro de la LND. Tanto él como Daw Sai Bai, Ma Tar Chi y Khin My Htoo afirman que no les interesa la política y que dan clases en la escuela para poder ejercer la profesión que aman y tratar de darles una educación decente a los niños. Cuando preguntamos si se imparte algún tipo de educación política en la escuela, todos responden categóricamente que no. Además, añaden, los padres de los niños no tiene porque pertenecer a la LND ni apoyarla para matricular a sus hijos.

Daw Sai Bai, por ejemplo, se gana la vida dando clases particulares a universitarios, pero disfruta dando clases a niños, quiere “enseñarles a pensar y a leer entendiendo lo que leen”. Esta viuda con tres hijas a su cargo dejó la escuela pública hace dos años cuando la querían destinar a Mandalay, lo que la hubiera alejado de su familia. Ahora viaja casi una hora todos los días para ir a enseñar a la escuela de la LND.

Una niña escucha la lección en la escuela de la LND (C. S.).

Los centros como el “hogar de la madre” de Hlaigtharyar no son las únicas actividades de asistencia social que realiza la LND. Sus voluntarios también dan clases de inglés en la sede, el partido ha organizado recientemente cursos de Ciencia Política con dos profesores de una universidad de Corea del Sur y tiene un programa de ayuda a enfermos de SIDA, un problema al que el Estado tampoco parece estar dispuesto a dedicar los recursos necesarios.

La escuela no puede, ni pretende, otorgar ningún título oficial a los niños que acuden a ella, simplemente prepararlos para que puedan obtener el de las escuelas públicas adquiriendo, de paso, una educación básica. Pero aunque carece de validez legal, los alumnos adultos pueden obtener el graduado escolar oficial gracias a un monasterio cercano al que está vinculada y que también ofrece educación a adultos: los que completan su educación en los centros de la LND recibirán el graduado de los monasterios.

Ma Tar Chi escribe en la pizarra en la escuela de la LND (C. S.).

El director de la escuela es Ko Aye Bo, un orfebre de 46 años de edad y miembro de la LND desde las revueltas populares que en 1988 derrocaron al régimen del general Ne Win y pusieron en jaque al Gobierno de los militares. Como tantos otros miembros del partido, Ko Aye Bo es un antiguo preso político, que estuvo encarcelado entre 1998 y 2000.

Ko Aye Bo nos explica las dificultades a las que se han enfrentado para abrir la escuela. El centro fue inaugurado el 13 de enero de este año y al principio sólo contaba con tres profesores. En febrero solicitaron el registro oficial, pero hasta el momento no han recibido ninguna respuesta. Sin embargo, las autoridades locales les han exigido que la cierren, en tres ocasiones por escrito, e incluso han amenazado a la dueña del terreno, una jubilada de 70 años que responde al nombre de Daw Mya Ohn y cuyos dos hijos son miembros de la LND.

Varios profesores y el director de la escuela (de izquierda a derecha): Saya Tar, Ko Aye Bo, Ma Tar Chi, Daw Sai Bai y Khin My Htoo (C. S.).

Pese a todo, la escuela sigue funcionando con normalidad. El Gobierno, nos cuenta Saya Tar, se ha limitado a enviar a espías en alguna ocasión para que tomen fotografías del colegio y los profesores.

En un momento en que la LND está embarcada en una lucha legal para que se reconozca su derecho a existir como partido político, las autoridades pueden cerrar la escuela cuando quieran. Eso hace que cualquier actividad que organice penda de un hilo, pero desde que el nuevo Gobierno civil asumió el poder en febrero, se ha empeñado en lavar su imagen, sobre todo de cara a la comunidad internacional, que incluye una tímida apertura democrática que culminó, la semana pasada, con el primer viaje de Aung San Suu Kyi a la capital del país, Naypyidaw, donde el viernes se reunió por primera vez con el presidente, Thein Sein.

Varias niñas toman apuntes en la escuela de la LND (C. S.).

Mientras los abogados del partido libran la batalla legal y los dirigentes tratan de dialogar con el Gobierno, la LND sigue tratando de mantener su presencia en los barrios y los pueblos con iniciativas como los “hogares de la madre”. En la lucha por conseguir la democracia en Birmania, estos proyectos, que rara vez ocupan espacio alguno en los grandes medios de comunicación internacionales y cuyo fin último es la construcción de una sociedad civil fuerte, a la larga podrían resultar más decisivos que las reuniones al más alto nivel en Naypyidaw.

(4) Comentarios

  1. b_poulain

    Hace poco hice un trabajo de periodismo preventivo sobre Birmania, en concreto sobre la llamada Revolución Azafrán. Según leía el artículo no podía dejar de ver esta escuela como un reflejo de los cambios de paradigma que se dieron entonces, cuando la revuelta del “país aislado” tuvo difusión gracias a las nuevas tecnologías e hizo que China, principal aliado de Birmania, se tuviera que pronunciar y presionar en favor de un cambio democrático birmano (lavado de cara) porque las miradas internacionales estuvieron puestas sobre la relación entre la nueva potencia emergente y los derechos humanos por los Juegos Olímpicos de Pekin. Todo encajó, la revuelta pacífica tuvo sus efectos internacionales y el escenario internacional tuvo que reaccionar por intereses, como se reacciona siempre en esas escalas.

    Por entonces ya todo apuntaba a lo que ha sucedido: la Hoja de Ruta llevaría a una democracia donde los hilos los tienen los mismos, pero con cierta apertura que permite tímidos reductos de construcción civil fuerte como estas escuelas (aunque les estén dejando claro en todo momento que penden de un hilo…).

    Poquito a poco. Se lo merecen. Una vez más en PH, esto SÍ que es noticia ;)

  2. [...] Las “escuelas de la madre” de Birmania elgranjuego.periodismohumano.com/2011/08/22/las-escuelas-…  por balpo hace 1 segundos [...]

  3. [...] Las “escuelas de la madre” de Birmania Carlos Sardiña Rangún (Birmania). “Cuando era un niño nunca compartía. Mi palabra favorita siempre era ‘mío’”, escribe en inglés en una pizarra Daw Sai Bai, [...] [...]

  4. Guadalupe Valenzuela

    Como es posible que por motivos políticos no apoyen tan encomiable labor. Por eso la educación debe ser laica e implementarse programas para el bien común.

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