El gran juego

Khon Kaen (Tailandia).

La crisis política en la que está sumida Tailandia desde el golpe de Estado que en 2006 derrocó al primer ministro Thaksin Shinawatra ha supuesto el surgimiento de un potente y heterogéneo movimiento social conocido como los camisas rojas. Opuestos al golpe de Estado y, en su gran mayoría, partidarios de Thaksin, una gran parte de ellos pertenece a la población rural del norte y el noreste del país. Algunas semanas antes de que se celebraran las elecciones que dieron la victoria a la hermana de Thaksin, Yingluck Shinawatra, al frente del partido Puea Thai, numerosos pueblos de la zona decidieron declararse oficialmente “pueblos rojos”. Hace unos días visitamos uno de esos pueblos, Nong Ka, en la provincia de Khon Kaen.

Entrada de Nong Ka (C. S.).

Khon Kaen forma parte de Isan, una hermosa región fundamentalmente agrícola llena de verdes arrozales que se extienden a lo largo de la meseta de Khorat. Con aproximadamente 22 millones de habitantes, es la región más poblada del país. La mayoría de la población habla un dialecto más cercano al laosiano que al tailandés del centro del país y no son pocos quienes dicen que “hay más laosianos en Isan que en el propio Laos”. A lo largo de su historia, la región ha sido escenario de algunas revueltas contra el Gobierno central, como la insurgencia comunista de los años sesenta y setenta, pero nunca han cristalizado en un movimiento nacionalista o independentista. No obstante, la región tiene unas características culturales y étnicas propias que la diferencian claramente del resto del país.

Leer más


Bangkok (Tailandia).
Fotografías: Omar Montenegro.

El activista tailandés Sombat Boongamanong se ha convertido en los últimos meses en una de las cabezas más visibles de los camisas rojas. Después de que el Gobierno pusiera fin violentamente a las protestas el pasado mes de mayo, Sombat y su pequeño grupo “Domingo rojo” han organizado una serie de actividades todos los domingos que han demostrado que el movimiento sigue vivo a pesar de que los líderes del “Frente Unido para la Democracia y contra la Dictadura” (UDD) están encarcelados o escondidos. La mayor demostración de fuerza reciente de los camisas rojas fue la manifestación que “Domingo rojo” convocó el pasado 19 de septiembre en Bangkok. Aquel día, el cuarto aniversario del golpe de Estado que depuso a Thaksin Shinawatra, acudieron a la intersección de Ratchaprasong unas veinte mil personas, pese al estado de emergencia vigente en la capital, que prohíbe la convocatoria de cualquier acto político.

Sombat Boongamanong en la sede de “Domingo rojo” en Bangkok el pasado 21 de octubre (Omar Montenegro).

Sombat había sido detenido a finales de junio por violar el estado de emergencia en Bangkok cuando se disponía a atar una cinta roja en la señal de la intersección de Ratchaprasong, donde tuvieron lugar las protestas de abril y mayo y murieron decenas de manifestantes durante la carga del ejército para disolverlas. Dos semanas después fue puesto en libertad y desde entonces no ha dejado de organizar actos de protesta contra el Gobierno de Abhisit Vejjajiva, a los que han asistido sobre todo personas pertenecientes a la clase media de la capital.

Leer más


Bangkok (Tailandia)

“La causa de estas inundaciones es el mal karma, tenemos mal karma porque nuestro Gobierno no es bueno, mató a mucha gente este año”, me comentaba hace unos días en voz baja, con miedo a ser oída, la dueña de una librería de lance en Bangkok, una mujer menuda de unos cincuenta años procedente de Buriram, una de las provincias de Tailandia en las que las lluvias han sido más destructivas este año. Es difícil saber cuántos tailandeses comparten la opinión de la librera, aunque probablemente no sean pocos, pero dejando aparte unas supersticiones bastante arraigadas entre la población, las peores inundaciones que ha sufrido el país en varias décadas tienen una innegable dimensión política.

Inundaciones en Ta Luang, en la provincia tailandesa de Saraburi, el pasado 25 de octubre (C.S.).

Las regiones del norte y el centro de Tailandia son las que han sufrido el desastre. Las lluvias han caído con especial fuerza este año, anegando una de las zonas más pobres del país, y ahora amenazan con inundar también el sur. Según el Gobierno ya han muerto 68 personas en las dos últimas semanas, más de tres millones han perdido sus hogares, muchas infraestructuras han quedado destruidas y se ha echado a perder una gran parte de la cosecha de arroz, el principal recurso de la región. Dos semanas después de que comenzaran las lluvias torrenciales, el primer ministro Abhisit Vejjajiva ha declarado que lo peor podría estar por venir y ya se calcula que los daños podrían reducir al menos en un 1 por ciento el crecimiento económico del país este año.

Leer más


Bangkok (Tailandia)

Este domingo se celebró en la localidad tailandesa de Ayutthaya (situada a unos sesenta kilómetros al norte de Bangkok) una de las mayores concentraciones de camisas rojas desde que el mes de mayo el ejército pusiera fin brutalmente a las protestas que paralizaron durante varias semanas el distrito comercial de Bangkok. Miles de ellos se congregaron para exigir la liberación de los presos políticos que continúan detenidos desde mayo, que se haga justicia con los 91 manifestantes asesinados y los centenares de heridos durante la represión de las protestas en abril y mayo y la introducción de reformas para democratizar el país.

El activista tailandés Sombat Boongamanong se dirige a una multitud de camisas rojas el 17 de octubre en la ciudad de Ayutthaya (C.S.).

En muchos casos, la indignación ha vencido al miedo y a lo largo de las últimas semanas se ha producido una espectacular resurrección del movimiento de los camisas rojas, que han convocado varios actos y manifestaciones a pesar de las estrictas medidas de control del Gobierno, que mantiene el estado de emergencia en Bangkok y tres provincias vecinas. Pese a que los discursos del primer ministro Abhisit Vejjajiva están repleto de referencias a la “reconciliación nacional”, el Gobierno ha hecho pocas cosas por conseguirla, más allá de medidas como el lanzamiento de campañas propagandísticas como “Together We Can” (la Obamanía también ha llegado a Tailandia) que no hacen más que desacreditarle aún más a ojos de sus opositores.

Leer más