El gran juego

Esta semana han abandonado el ejército birmano más de veinte miembros de la Junta militar que gobierna Myanmar, entre ellos el primer ministro Thein Sein. Todos estos mandatarios, que seguirán ocupando sus cargos en el Gobierno, han renunciado a sus uniformes para presentarse como candidatos a las elecciones que el Consejo de Estado para la Paz y el Desarrollo (SPDC) tiene previsto convocar este año en el país asiático como último paso para instaurar lo que él mismo ha bautizado una “democracia disciplinada”.

El general Than Shwe, jefe supremo de la junta militar birmana, pasa revista a las tropas el 27 de marzo, día de las fuerzas armadas, en Naypyidaw (AP Photo/David Longstreath).

Las elecciones, cuya fecha aún no se ha anunciado, se celebrarán siguiendo las reglas de una constitución [pdf] diseñada por los militares que gobiernan Birmania desde 1988 para afianzar su poder y tratar de darle cierta pátina de legitimidad democrática a una de las dictaduras más brutales del mundo. Una dictadura que mantiene encarcelados en terribles condiciones a casi 2.200 prisioneros políticos, que somete con frecuencia a trabajos forzados a su propio pueblo, que emplea a niños soldados en sus guerras contra los insurgentes de sus minorías étnicas y que se ha enriquecido obscenamente sumiendo en la miseria más absoluta un país enormemente rico en recursos naturales.

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Ayer se celebraron las primeras elecciones parlamentarias en Sri Lanka desde que finalizó la guerra civil el año pasado. Aunque todavía no se conocen los resultados definitivos, caben pocas dudas de que el vencedor será el Partido de la Liberación de Sri Lanka (PLSL), liderado por el presidente Mahinda Rajapaksa, que en enero vio revalidado en las elecciones presidenciales el mandato que obtuvo en 2005.

El presidente de Sri Lanka, Mahinda Rajapaksa, saludando a los asistentes a un mitin electoral en la península de Jaffna, región de mayoría tamil, el 1 de abril (AP Photo/Eranga Jayawardena).

La incógnita de estas elecciones radica en si el PLSL ha obtenido una mayoría parlamentaria (dos tercios de los escaños) suficiente para modificar la Constitución y afianzar el poder del presidente . Desde que asumió su cargo, Mahinda Rajapaksa se ha caracterizado por el autoritarismo, un marcado nacionalismo cingalés, la inflexibilidad con los separatistas tamiles y un nepotismo que le ha llevado a nombrar ministros a dos de sus hermanos.

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