El gran juego

Este mes de junio ha vuelto a estallar la violencia en Cachemira. Después de que la policía matará a un joven de 17 años al disolver una manifestación exigiendo la independencia de la región administrada por India, los separatistas convocaron una huelga general y se sucedieron las protestas en diversas ciudades a pesar del toque de queda impuesto por el Gobierno. La represión de las manifestaciones por parte de las fuerzas de seguridad se ha cobrado la vida de al menos diez manifestantes, la mayoría a manos del cuerpo paramilitar de la Fuerza Policial de la Reserva Central.

Manifestantes independentistas cachemires protestan contra la ocupación india, el pasado 21 de junio en Srinagar (AP Photo/Mukhtar Khan).

Mientras tanto, este lunes se produjo un enfrentamiento en el sector de Nowgam entre tropas indias y un grupo de insurgentes cuando, según un oficial del ejército, éstos trataban de entrar desde Pakistán en la Cachemira controlada por India. En la refriega murieron cinco militantes y tres soldados indios.

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El atentado frustrado del pasado 1 de mayo en la neoyorkina Times Square ha vuelto a llevar el espectro del terrorismo a la gran urbe estadounidense, ha sido objeto de numerosas conjeturas y ha ocupado la primera plana de los medios de comunicación de casi todo el mundo. El espacio que los medios han dedicado al suceso ha sido enorme, sobre todo si se tiene en cuenta que el atentado no llegó a producirse, aunque ha servido para recordar a la población que existe una amenaza terrorista.

La policía neoyorquina desaloja Times Square tras encontrar un objeto sospechoso, una nevera, abandonado en la acera una semana después de la tentativa de atentado del 1 de mayo (AP Photo/Mark Lennihan).

El presunto terrorista Faisal Shahzad, un pakistaní que obtuvo el año pasado la nacionalidad estadounidense, fue detenido dos días después del intento de atentado, cuando intentaba salir del país con rumbo a Dubai. Las autoridades estadounidenses afirman que confesó casi inmediatamente la autoría del atentado frustrado y que mantenía vínculos con una organización talibán pakistaní.

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Estos días está teniendo lugar un intenso debate en Estados Unidos sobre el creciente uso de aviones no tripulados (también conocidos como “drones”) en operaciones de localización y eliminación de terroristas y “combatientes enemigos” en territorio extranjero. Se ha convocado en Washington un comité del Congreso para debatir el marco jurídico en el que operan estos aviones y el pasado 25 de marzo Harold Hongju Koh, asesor legal del Departamento de Estado, defendió ante la Sociedad Estadounidense de Derecho Internacional la legalidad de ese tipo de operaciones.

Un avión no tripulado estadounidense sobrevuela un aeródromo de Kandahar, en Afganistán, el pasado 31 de enero (AP Photo/Kirsty Wigglesworth).

La justificación legal de Hongjuy Koh se basa en la Ley de Autorización del uso de la fuerza militar, aprobada una semana después de los atentados del 11 S de 2001. El asesor legal afirma que Estados Unidos se encuentra inmerso en un conflicto armado con Al Qaeda, los talibán y grupos asociados y por lo tanto tiene derecho a emplear la fuerza respetando los principios de distinción entre civiles y combatientes [pdf] y de proporcionalidad, cosa que asegura que su gobierno está haciendo, aunque sin revelar ningún detalle sobre las medidas que toma para asegurarse de que es así.

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