El gran juego

El Gobierno tailandés ha anunciado esta semana que está manteniendo conversaciones con el de Myanmar para repatriar a unos 140.000 refugiados birmanos alojados en nueve campos situados a lo largo de la frontera entre ambos países. El jefe del Consejo de Seguridad Nacional tailandés, Tawin Pleansri, ha declarado que los refugiados “llevan más de veinte años en Tailandia y se ha convertido en una carga para nosotros cuidar de ellos. Aún no puedo decir cuando vamos a desmantelar los campos, pero tenemos la intención de hacerlo”.

Campo de refugiados de Mae La, en la provincia tailandesa de Tak. Este campo, en el que se calcula que viven más de 40.000 personas, es el más grande de Tailandia (C. S.)

Miles de birmanos han huido durante ya varios decenios de la guerra civil entre el ejército nacional de su país, el Tatmadaw, y las guerrillas de las minorías étnicas; uno de los conflictos bélicos más antiguos del mundo. Al huir llegan a un país en el que son especialmente vulnerables, ya que Tailandia no ha firmado la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, por lo que nunca se ha hecho plenamente responsable de ellos. Los refugiados dependen sobre todo de la ayuda de organismos internacionales y de algunas ONG, tanto extranjeras como dirigidas por birmanos.

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Mae Sot (Tailandia).
Fotografías: Eduardo de Francisco.

La doctora Cynthia Maung es la fundadora y directora de la Clínica Mae Tao, una institución que lleva más de veinte años ofreciendo asistencia sanitaria gratuita a refugiados birmanos en Tailandia, desplazados internos en Birmania y poblaciones enteras que carecen de los servicios sanitarios más básicos. Gracias a los esfuerzos de esta mujer infatigable y el personal de la clínica, así como a las donaciones de numerosas organizaciones internacionales, lo que hace dos decenios no era más que una pequeña consulta abierta por seis refugiados birmanos en una vieja casa de madera ha llegado a convertirse en un pequeño complejo hospitalario en el que trabajan unas setecientas personas que proporcionan servicios médicos a miles de pacientes y una educación a muchos niños que de otro modo no podrían acceder a ella.

La doctora Cynthia Maung en la clínica Mae Tao (Eduardo de Francisco).

En la clínica, situada en la localidad tailandesa de Mae Sot, a escasos kilómetros de la frontera birmana, trabaja gente de casi todas las comunidades que componen el complejo puzle étnico birmano, así como voluntarios procedentes de otros países. Además de dispensar todo tipo de servicios médicos a sus pacientes en sus instalaciones, desde atención primaria hasta tratamiento contra la malaria, operaciones quirúrgicas, programas de prevención del SIDA, ortodoncia o miembros ortopédicos a las víctimas de la guerra, Mae Tao es el centro de operaciones de una amplia red de escuelas y centros médicos a ambos lados de la frontera. También cuenta con un programa de formación y con equipos móviles de médicos que se adentran periódicamente en la jungla para llegar a zonas aisladas e infestadas de malaria en las que la población no tiene acceso a ningún tipo de asistencia sanitaria.

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El lunes el diario británico The Guardian reveló que la Agencia de Fronteras de Reino Unido planea repatriar a cientos de menores afganos solicitantes de asilo que se hallan solos en territorio británico. Hasta ahora, los menores a los que se les denegaba el derecho de asilo sólo eran devueltos a sus países de origen si su seguridad no estaba en peligro y se tenía la certeza de que recibirían la atención adecuada tras su regreso. Para salvar ese obstáculo, el Gobierno va a invertir cuatro millones de libras en la construcción de un “centro de reintegración” en Kabul, en el que alojará a los menores hasta que cumplan dieciocho años o sus familias sean localizadas.

Un grupo de inmigrantes hace cola el día 8 de febrero para recibir comida de una ONG en Calais, Francia, desde dónde esperan cruzar el Canal de la Mancha para llegar hasta Gran Bretaña (AP Photo/Michel Spingler).

Según el Ministerio del Interior Británico, hay más de 4.200 menores solicitantes de asilo no acompañados en Reino Unido. En los tres primeros meses de este año han solicitado asilo en Gran Bretaña 405 menores, de los cuales 175 son afganos. La mayoría de ellos viven en casas de acogida. Con la construcción del centro en Kabul, el Gobierno británico tiene previsto repatriar forzosamente a 12 de esos menores al mes.

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