El gran juego

Rangún (Birmania).

“El Gobierno nos vigila constantemente y nos siguen cada vez que salimos de aquí. Pueden detenernos cuando quieran, ni siquiera les hace falta inventarse una excusa, pero nosotros seguimos viniendo”, nos contaba hace un mes U Hla Min en la sede de la Liga Nacional para la Democracia, el partido de Aung San Suu Kyi, en Rangún. Los espías que vigilan continuamente y sin ningún disimulo desde un restaurante situado frente al pequeño y algo destartalado edificio confirman las palabras de este veterano miembro del partido. Pese a todo, el principal partido de la oposición birmana parece estar más vivo que nunca, aunque el Gobierno lo declaró ilegal cuando sus dirigentes se negaron a volver a registrarlo en mayo en unas condiciones que consideraban inaceptables, tal y como nos comentaba uno de ellos, U Win Tin, y podría disolverlo y encarcelar a sus miembros en cualquier momento.

Tres mujeres en la sede de la LND en Rangún bajo un retrato de Aung San, padre de la independencia birmana (C.S).

La sede de la LND está sumida en una actividad frenética a lo largo de todo el día, sobre todo desde que Aung San Suu Kyi fue puesta en libertad el pasado 13 de noviembre tras siete años de arresto domiciliario. Además del ir y venir constante de periodistas y diplomáticos extranjeros, acuden a la sede numerosos birmanos para expresar su apoyo al partido y a su líder, la “dama”. El edificio se ha convertido en un punto de encuentro de ciudadanos de todas las clases sociales, edades y profesiones, que proceden de casi todos los puntos del país y comparten al menos una cosa: su oposición al brutal y cleptócratico régimen de la Junta Militar. Muchos acuden a aportar donaciones o a ofrecer su ayuda, otros porque, simplemente, se sienten más libres allí que en cualquier otro lugar para expresar sus opiniones.

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